Presunción de inocencia... ¡Bonito palabro! Más en estos días, en que vuelve a
la actualidad el caso del ex político socialista francés y ex director
gerente del FMI, detenido por "presunto" intento de violación
en Nueva York. Después de semanas observando una realidad mediática, policial y
judicial, hoy emerge una realidad distinta y coloca la presunción en el
candelero.
En realidad, todos los que tenemos que hablar en púbico nos
curamos en salud y utilizamos "presunto" por si las moscas al narrar cualquier
delito. Hasta cuando nos referimos a un terrorista de ETA pillado con la pistola
humeante en su mano. Pero la realidad, que todo el mundo es inocente hasta que
se demuestre lo contrario, se hace añicos si por medio andan metidos el
"business" espectáculo y las fobias políticas.
El caso
Gürtel ha sido paladín en España de una presunción de inocencia que ha
importado una higa.
El Gobierno, el PSOE y algunos
medios afines han buscado descalificar al PP y colgarle para
siempre el estigma de la corrupción. Poco han importado la presunción de
inocencia ni la lejana verdad judicial. Lo importante es el día a día: poder
confeccionar una llamativa portada, cuanto más escandalosa mejor, con la imagen
del político popular --o del empresario "filopopular"-- presentado ante la
opinión pública como desalmado.
Ello ha llevado a años de penuria humana,
a dramas que sólo los conocen los que los han sufrido, sus familias y amigos, a
personas, la mayoría honestas, que han vivido la pena pública del telediario,
condenadas por los medios pese a ser inocentes, mientras la Justicia --lenta y
autista, cuando no partidista-- nunca les ha garantizado el derecho a defender
su reputación. Más bien al revés.
Fíjense en lo ocurrido el pasado
miércoles con el ex diputado europeo del PP Gerardo
Galeote. ¿Sabían que el juez Antonio Pedreira ha dictado un auto
exculpándole? Sí, sí… ¡Inocente! Todo lo dicho sobre él, los informes
policiales, los sesudos análisis de "expertos" de Hacienda, las conclusiones de
las dos fiscales del caso… falso de toda falsedad según el juez instructor. Pues
bien, el diario El País, que tantas portadas abrió "machacando" al ex
diputado europeo, ha publicado la noticia de la exculpación en pequeño, en un
lateral de la página 21.
¿Cómo pueden ocurrir tales cosas en un Estado de
Derecho? Lógicamente, la primera responsabilidad es de algunos políticos y
asesores, que han convertido la destrucción personal del adversario en su juego
diario. Cuando alguien descuelga el teléfono en España y saluda a
Rubalcaba por si le está escuchando, muestra la peligrosa realidad,
forjada estos años, de la inseguridad que todos tenemos si se utilizan medios
públicos con fines partidistas.
Ahora trona el caso Teddy
Bautista y su SGAE, que tiene derecho a la presunción de
inocencia, una presunción, por cierto, que el Gobierno no ha permitido a los
españoles al imponer un canon digital general, preventivo, que
señala con el dedo a todos como "piratas" informáticos.
Por seguir con
el caso Gürtel y el Tribunal Superior de Justicia de
Madrid: un juez honesto y profesional como Pedreira, a quien
tanto he defendido en otras ocasiones, no ha sido capaz sin embargo de
desenmarañar el enredo al que le han sometido las fiscales del caso, ni las
"cuadrillas" policiales de partido, en avenencia interesada con las propias
fiscales, ni, incluso, los funcionarios del juzgado que llevan la falta de
objetividad política colgada de la blusa. Se ha demostrado débil y temeroso.
El resultado de todo ello: informes policiales amañados, peritaciones de
organismos públicos que se demuestran falsas, interpretaciones sectarias de las
fiscales filtradas a medios de comunicación para destrozar la reputación de
imputados, documentos exculpatorios que se escamotean o se esconden… En
definitiva: todo menos lo que debe ser un Tribunal. Una mala instrucción, sin
final, que imposibilita la garantía judicial a "imputados" que han sido --y
son-- condenados en la plaza pública pese a ser inocentes, todo en busca de la
apariencia de que el PP es una gran olla podrida.
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