El varapalo de Standard&Poor´s, por más que se maquille o se le reste importancia, tiene unas consecuencias perversas sobre la imagen de un Gobierno que entró en depresión hace tiempo y todavía sigue echado en el diván del psiquiatra. Basta reparar en los debates parlamentarios de los dos últimos días para percatarse del grado de sonambulismo que padecen varios ministros y el propio presidente. A empezar por la vicepresidenta Salgado, cuyo nivel de bloqueo ha llegado a tal punto que a nadie le extrañaría que presentara la dimisión por prescripción facultativa. No sólo no le cuadran los datos, es que tampoco le salen los argumentos. Los zombis suelen tener más vitalidad.
Tampoco es propio de Zapatero representar un papel tan pobre, tan apagado, tan errático como el de ayer frente a un Mariano Rajoy que se adornó en la esgrima con delectación morbosa. El presidente, por el contrario, como un boxeador sonado que da manotazos al aire, empleó mal las cifras y cometió errores tan de bulto que incitan a sospechar de algún topo del PP en La Moncloa. Nunca lo tuvo tan a modo el líder de la oposición para llamarle mentiroso. En realidad, Zapatero hacía algo peor que mentir: equivocarse con datos propios y hacerse un lío.
Si en estas estamos, si gobierna España un equipo amortizado desde hace tres meses, si ni siquiera la Presidencia rotatoria de la Unión Europea ha servido para trasladar a los mercados internacionales una cierta credibilidad en nuestra economía y si la confianza en el país pierde sangre a chorros como si le hubieran partido la femoral, no es descartable que Standard&Poor´s se haya mostrado benévola. A ver cómo reaccionan en las próximas horas las otras dos agencias de calificación, Moody´s y Ficht, pero es de temer lo peor.
En medio de este paisaje, sobresale una institución modélica y ejemplar: Caritas. Cuando muchas ong de pacotilla, que pululan al calor del poder, la subvención clientelar y el oportunismo ideológico desapareen en los momentos más comprometidos, resulta ejemplar la labor de esta organización de la Iglesia católica que el pasado año atendió a cien mil parados y le encontró empleo a casi quince mil. Al menos hay alguien en quién confiar.