"Si puede costearse un plan privado de pensiones, hágalo". Hace 15 años, un mensaje como éste salió de la boca del último ministro de Economía de Felipe González, Pedro Solbes. A la sazón, la Seguridad Social estaba en bancarrota y el consejo de Solbes sonó como el silbato del capitán del Titanic: sálvese quien pueda. Y el primero en ahogarse en las urnas fue aquella larga etapa felipista que duró demasiado y que, de no ser por Aznar, habría impedido a España entrar en el euro.
Ayer, un mensaje como aquel volvió a salir de la boca de un ministro socialista, en este caso el de Trabajo y Asuntos Sociales. Con el Gobierno de Zapatero se asiste periódicamente a un "déjà vu", a esa rara sensación de haber vivido ya esa misma experiencia años atrás, cuando González afrontaba los últimos años de gobernante en medio, también, de una crisis económica prolongada, de una fuerte división interna y de un hondo desaliento de sus militantes.
El asunto de las pensiones es uno de esos "déjà vu", agravado por el errático discurso de Celestino Corbacho. Cuando el Consejo de Ministros envió a Bruselas su plan de ajuste y estalló la polémica de la edad de jubilación, Corbacho no tuvo mejor ocurrencia para defender la propuesta que atacar al PP diciendo que "a la derecha no le preocupan las pensiones porque tienen planes privados". Tamaña estupidez no podía llegar muy lejos y ayer nos enteramos por su propia boca de que el ministro tiene, "desde hace muchos años", un plan privado de pensiones, así que nos aconsejó a todos que sigamos su ejemplo.
No sabe qué es más infumable, si haber hecho demagogia electoral con los planes del pensiones o que el ministro de Trabajo presuma de que tiene uno bien criado y engordado en pleno debate sobre la viabilidad de la Seguridad Social. El grado de confianza que transmite en el sistema público de pensiones es el mismo que el capitán del Titanic tocando el silbato. A Corbacho ya sólo le queda asistir como dirigente invitado al mitin de Rodiezmo, la cita anual en la que Zapatero es investido como el caballero andante de las pensiones, para predicar las bondades de abrirse un plan privado. Parece que en Moncloa están muy satisfechos con la idea.
Por lo demás, si Corbacho y el Gobierno en pleno creen que conviene estimular los planes y fondos de pensiones, y en ello acertarían, lo primero que deberían hacer es eliminar las cargas fiscales con que los gravaron, empeorando las condiciones que había establecido el PP.