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23 abril 2014. Actualizado 13:53Director: Antonio M. Beaumont
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El Malecón
22 de enero de 2010   Sígueme Imprimir este artículo Enviar a un amigo Aumentar texto Reducir texto Compartir: Acceder al RSS Comparte esta noticia en Facebook Comparte esta noticia en Twitter Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé Enviar a Digg Enviar a MySpace
EL MALECÓN
Y Ohbama! se hizo hombre.
Hace un año, Barack Obama llegó como un héroe, un salvador, un dios; hoy no deja de ser un presidente americano más... o menos.
El presidente de los Estados Unidos, un año después de su advenimiento.
Hace un año tuve un sueño.
Y vi a un presidente negro que abría las puertas de la Casa Blanca. Pero no vi a un simple presidente, ni a un hombre corriente. Sino al nuevo héroe universal venido para rescatar el mundo, el planeta entero, de una destrucción inminente y fatal. Un nuevo Capitán América disfrazado de Capitán Tierra¡Oh Capitán, mi Capitán!— con el poder omnímodo y la moral intacta para reconstruir el caos, el apocalipsis generado por el maligno; para salvar a la Humanidad toda de las cenizas en las que ella misma se había sumido, irremediablemente, en un alarde de suicidio genocida, revolcada en el valle de la desesperanza. Para iluminarnos -¡oh Capitán, los clarines claman!- en este nuevo amanecer, en un oasis de libertad y justicia, de paz y bienestar. De fe redimida —con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza— y de sueños, al fin, cumplidos —sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano—. Amén.

Hace un año tuve un sueño.
Vi al mundo rendido, postrado ante la llama etérea y eterna de la Historia, ante la imagen de la Inmortalidad, ante la inmortalidad de la Imagen. ¡Oh Capitán, mi Capitán! Y escuché tropeles de campanas gritando "¡que repique la libertad desde las alturas y desde la cúspide de los montes prodigiosos, que repique desde los picos nevados y desde las verdes colinas; de cada costado de las montañas, que repique la libertad!" Y vi al pueblo, hambriento de héroes, hambriento de dioses, rezando y suspirando, oh Capitán, por él: Por ti la multitud se arremolina, por ti llora, por ti su alma llamea y la mirada ansiosa, con verte, se recrea. Por ti se izan banderas y los clarines claman. Son para ti los ramos, las coronas, las cintas. ¡La Gloria! ¡Oh Capitán, mi Capitán!

Hace un año tuve un sueño.
Y vi, entre los marmóreos e inmaculados muros capitolinos, donde en dorado trono el monarca se recostó, bajo la gigantesca cúpula del moderno Olimpo que aloja las campanas de oro —¡qué mundo de felicidad su armonía anuncia en el fragante aire de la noche!— vi, digo, a los enemigos y a los hijos de los enemigos sentados en una mesa de hermandad, sus manos unidas, sus almas unidas en esa fe que puede trasformar el sonido discordante de una nación en una hermosa sinfonía de fraternidad. Esa fe con la que todos podremos renegar de nuestros odios –¡Oh, Dios!- para trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres. Y dignos. Dignos de ti, ¡oh Capitán, mi Capitán!

Hace un año tuve un sueño.
Y tras caminar largamente, penosamente por un sendero oscuro y solitario, encantado por ángeles malos, donde un ídolo, llamado BARACK, reina majestuosamente en un negro trono —¡escucha el tañido de las campanas! ¡Campanas de ébano!—, siento que nuestro azaroso viaje ha terminado. Al fin venció la nave y el premio fue ganado Ya el puerto se halla próximo, ya se oye la campana y ver se puede el pueblo que entre vítores, con la mirada sigue la nao soberana. ¡Oh Capitán, mi Capitán! Ohbama! Hosanna!

Hoy he tenido un sueño.
Y un instante antes de despertar, mi sueño me ha llevado a otro sueño —todo lo que vemos o parecemos no es más que un sueño dentro de un sueño—. Y he visto a un hombre mortal. Un hombre corriente, desnudo de oropeles, vacío de superpoderes, que hace un año prometió decepciones… y ha cumplido su promesa. Un hombre que no es un héroe ni un sueño ni un dios. Que no es el amanecer de una nueva era, ni una confluencia interplanetaria; que piensa que la tierra no es del viento sino del banco; que ama la paz haciendo la guerra, como todos; que continúa preso de sus presos y guardián de los suyos, como todos; que sangra cuando pierde, en Massachusets o en Jalalabad y enferma cuando se resiente su Salud; que sigue siendo más imagen que fondo, más desvelo que sueño, más mediodía que amanecer. Más mortal que eterno. Más Barack que Ohbama! Un hombre, en fin. Como todos. Y americano, por cierto.

Un sueño en el que muchos nunca llegamos a dormir y del que todos ya han despertado. Salvo Mister Paz, claro: "la cuestión no es qué puede hacer Ohbama! por nosostros sino qué podemos hacer nosotros por Ohbama!". Pues eso, despertar… ¡Oh Capitán, mi Capitán!

Elaborado con la colaboración desinteresada de Walt Whitman, Martin Luther King y Edgar A. Poe

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