Esa primera valla que tenía que salvar el Gobierno para que los Presupuestos Generales del Estado no fueran devueltos, consiguió traspasarla comprando el voto de los nacionalistas vascos y canarios. El hecho en sí (independientemente de si los presupuestos son beneficiosos o no para desarrollar la política económica que España necesita) evidencia la baja categoría moral de quien compra y de quien vende. Te doy tanto y tú me da tus votos. Vale. Y ahí acabó toda consideración moral que debería tener un político a la hora de reflexionar sobre el bien común, la solidaridad, el servicio al pueblo…
El Gobierno, claro, encantado: consigue iniciar el proceso de tramitación parlamentaria de tan importante ley. A despecho de todos los partidos que se oponen, a Zapatero, a De la Vega, a Salgado, a Blanco, a Alonso, etc. se les han alegrado las pajarillas porque van a poder seguir despilfarrando, es decir, gastando más de lo que ingresa las arcas públicas, un tercio más de lo que ya gastan, y sin importarles si los nuevos presupuestos podrán, que no podrán, permitir ajustes estructurales en el mercado laboral y enervar, que la van a debilitar, la inversión privada, desplazándola al mercado del crédito. Y los nacionalistas vascos y canarios encantados también: todo es bueno "pa" el convento, se dirán. Y a los demás que les den morcilla. ¡Si fuera sólo morcilla! Yo me la pido de El Saucejo.
De lo que, al parecer, no se da cuenta el Gobierno es del coste político que, además de esas monedas en la compra de votos, va a tener que pagar. De momento ha sufrido una tremenda zurra parlamentaria a cargo de Mariano Rajoy, que ha puesto de manifiesto la incapacidad del Gobierno de establecer criterios coherentes y fiables para propiciar la recuperación económica, así como el escaso, por no decir nulo, margen de maniobra de que dispone para iniciarla. La prueba es que Zapatero no se ha dignado hacer exposición alguna de medidas convincentes para la totalidad del arco parlamentario; no sólo para el principal partido de la oposición, sino tampoco para la extrema izquierda y otros separatistas, habituales socios de disparatadas acciones radicales. Por su parte, a los que han cobrado, PNV y Coalición Canarias, la única medida que les ha convencido ha sido el soborno; así que ya pueden ir buscando un árbol donde ahorcarse.
Porque la gente no es tonta y se da cuenta de que este Gobierno dice una cosa y hace otra. A estas alturas, todo el mundo está convencido –salvo los que tienen intereses, como los sindicatos y sectores más intransigentes del socialismo- de que las cuentas públicas que presenta el Gobierno no van a conseguir reanimar la economía real, y lo que es peor, hacen imposible el necesario acuerdo entre las grandes fuerzas políticas, que es lo que permitiría, mediante un gran consenso nacional, establecer una plataforma para superar la crisis que en España se está ensañando más que en otros países. La ausencia de ese consenso arruina aún más las escasas expectativas y es la causa de que la sociedad pierda totalmente la confianza. Por eso decía lo de ir buscando un árbol.
Pero la desconfianza popular va a aumentar, porque lo que han cobrado las minorías vascas y canarias solo cubre el pase a trámite parlamentario de los Presupuestos. No incluye su apoyo al Gobierno en las enmiendas parciales. Así que el galimatías está asegurado. El parcheo y reparcheo van a configurarán un texto final, tras una muy pedregosa andadura parlamentaria, cuya utilidad ya veremos si no va a ser peor el remedio que la enfermedad.
De momento, lo que queda claro es que el Gobierno es incapaz de establecer consensos con nadie. Hace oídos sordos a todos: a los que se manifiestan, por millones, con ejemplar civismo, oponiéndose a ese crimen que es el aborto, y a todas las instituciones, expertos o partidos políticos que les advierten que esos presupuestos no nos van a sacar de la crisis. Y ellos, empecinados; que sí, que el Gobierno tiene confianza en que España puede salir de la crisis, y no aceptan que el único efecto que están produciendo las previsiones de sus cuentas públicas es que el país está cada vez más endeudado y que para poner fin a esa derrota hay derrotar, valgan las dos acepciones, totalmente a este Gobierno. Para lo cual es imprescindible convocar elecciones anticipadas. Y como Zapatero no las va convocar, la próxima manifestación –multitudinaria y altamente cívica- debe ser la que pida esas elecciones generales anticipadas.
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