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| GLOBALIZACIÓN |
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| Eduardo Arroyo |
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| 2 de octubre de 2009 |
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| GLOBALIZACIÓN |
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| Derechos humanos frente a deberes humanos |
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Prisa, Almodóvar o "Cuéntame" son algunos de los caballos de batalla que emplea la nueva ingeniería social. Esa que pretende igualarnos por abajo en el nombre de los derechos.  |
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Pedro Almodóvar es uno de esos exponentes que pretenden convertir lo anormal en normal. |
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En una época tan supuestamente racional y equilibrada como la nuestra, en la que
la ciencia hace las funciones de la nueva religión, existen multitud de palabras
"tótem" que son adoradas sin discusión y que presentan la capacidad de bloquear
esa capacidad de análisis de la que nuestra época tanto blasona. Así, cualquier
organización deberá tener un carácter "democrático", sin que a nadie se le pase
por la cabeza qué es exactamente eso. ¿Significa que las decisiones se toman por
votación o bien significa que se presume -como en las "democracias populares"
donde veraneaban nuestros socialistas de hoy- que una determinada oligarquía
representa al "pueblo" y toma las decisiones unilateralmente? En el caso de que
se vote hasta la decisión más primaria, ¿la elección se realiza a por mayoría
simple o cualificada? ¿a una o dos vueltas? ¿valen los mismo todos los votos?
¿todos los votantes están igualmente motivados por el célebre "interés general"?
Las preguntas se agolpan pero el hecho es que bajo la cobertura de la
"democracia", nuestro gobierno está llevando a cabo una labor de ingeniería
social de las que hacen época, en plena coherencia con la más rancia tradición
de la izquierda planetaria. Su inspirador, el proyecto "emancipatorio" que
saliera de la Ilustración, no es otra cosa que el intento de adaptar la realidad
a los devaneos de ideólogos que destilaban su bilis de unos trescientos años a
esta parte. Si la realidad no se aviene a "razones", las cosas serán doblegadas
si es preciso con la fuerza coercitiva del Estado. Existen multitud de ejemplos
y quizás, el más descollante sea el ideal igualitario que hoy ya se da por
cierto en todo el Occidente. Lejos de suponer, como se pretende, una igualdad
"ante la ley", el ideal igualitario hace de la igualdad un valor intrínsecamente
positivo, capaz de polarizar a la sociedad entera en pos de la utopía. No hay
nadie mejor ni peor y cualquier distinción hacia la excelencia es contemplada
bajo el prisma del rencor social. Así, el hecho de que gente sin escrúpulos haya
utilizado su falta de ética para encumbrarse hace sospechosa de entrada
cualquier diferencia social. Por supuesto, la mismísima naturaleza no queda al
margen del proyecto "emancipador" e igualitario y debe ser sometida mediante la
técnica. De ahí, por ejemplo, el fundamento teórico que subyace a la moral
sexual "progresista": el hombre debe "emanciparse" no solo del dominio de Dios
sino también de la mismísima naturaleza. Para el ideal Ilustrado solo el hombre
crea valores y gracias a la técnica puede decidir si tener o no tener hijos o si
estos deben vivir y cuando.
Llevado al extremo este discurso -y no hay
razón para no llevarlo- el hombre puede incluso decidir si desea ser hombre o
mujer. De ahí que para los más "avanzados", el "cambio de sexo" se plantee como
un "derecho", lo mismo que el aborto en todas sus formas, desde el troceamiento
quirúrgico del niño o su envenamiento químico, hasta la célebre "píldora del día
después". Naturalmente, la "emancipación" no se circunscribe a las limitaciones
impuestas por la naturaleza -tales como la protección debida a los hijos o la
determinación biológica del sexo- sino al orden natural mismo. Una expresión a
menudo empleada por los economistas modernos -como los "recursos naturales"-
evidencia que la modernidad entiende la naturaleza como un mero recurso a su
servicio, como una herramienta más que debe ser preservada en favor del proyecto
emancipador del presente y del futuro.
Esta, y no otra, es la razón por
la que todos los "avances" de la modernidad se presentan bajo los ropajes del
"derecho". Uno tiene "derecho" a abortar, a cambiar de sexo, a tener diecisiete
amantes o a castrarse para no tener niños, puede tener "derecho" a la
"educación" -signifique esto lo que signifique como sucede con las hijas del
presidente- o al trabajo -aunque su actividad sea lesiva socialmente, como en el
caso de la telebasura- o a "estar informado" -aunque Prisa, Almodóvar o
Cuéntame produzcan todos los días toneladas de estiércol mental en nombre
de la "libertad de expresión". Todos son "derechos", sencillamente, porque Dios,
la idea central de la humanidad, está siendo expulsada de nuestras vidas bajo
mil excusas. Pero esta cuestión ni es baladí ni está ausente de consecuencias
aunque los "ateos de guardia" esgriman argumentos supuestamente eruditos pero
ridículamente fundados en defensa de lo que no es sino una mera construcción
ideológica "emancipatoria". El ateísmo no existe más que como anécdota entre los
pueblos no occidentales y a nosotros nos corresponde el dudosísimo honor de
haber elevado una anécdota histórica al nivel de piedra angular de nuestra
civilización. No es una casualidad que la ideología más extrema en este sentido
-el marxismo y sus derivados- haya sido la más cruel de la historia, con cientos
de millones de muertos en su haber, aunque ahora se recicle en forma de
"progresismo" o simplemente silenciando los desmanes con leyes de "memoria
histórica". La razón es que su discordancia con la realidad del mundo y de los
hombres es tan radical que ha hecho falta mucha sangre para intentar cuadrar
realidad e ideología.
Sin Dios, extrémense un poco los "derechos" que
cada uno puede exigir y nos encontraremos que todo aquello que concebimos
intuitivamente como un comportamiento "bueno" o "civilizado" desaparece como por
ensalmo. La idea de Dios resulta fundamental para anclar cualquier "derecho"
porque en el fondo todo "derecho" no es otra cosa que una exigencia a un
tercero. De ahí que por la geografía de este Occidente enfermo proliferen las
manifestaciones reclamando "derechos" no concedidos contra terceros que no ceden
a tales exigencias, una actitud que cuadra perfectamente con el individualismo
patológico del liberalismo, si bien muchas de esas exigencias puedan estar
justificadas.
Para curar tanto dislate, mucho mejor sería considerar en
vez de una sociedad de derechos una sociedad de deberes. La ventaja de los
deberes es que el deber recae sobre uno mismo antes que sobre cualquier otro. El
deber impele a uno a cumplir con una red de obligaciones en las que está
inserto, en vez de ir exigiendo al de al lado lo que uno mismo decide que otro
"debe" cumplir. Así, por ejemplo, un niño no tiene derecho a tener un buen padre
sino que el deber del padre es ser efectivamente bueno, como el deber del patrón
es ser justo con sus trabajadores y el deber del trabajador es ser diligente y
honesto.
De modo análogo, la idea de "deber" transforma a la Naturaleza
en interlocutora y no en una entidad explotada al servicio de nuestro supuesto
"derecho" a la emancipación. Uno tiene el deber de comprender que la Naturaleza
no es cualquier cosa, algo que es un mero "recurso" para que la máquina de
producción capitalista produzca mayores beneficios. Sentada esta referencia, la
relación de hombre y Naturaleza cambia automáticamente cuando el hombre siente
que debe proteger la Naturaleza que es don de Dios.
Sin embargo, tampoco
los deberes son comprensibles sin el anclaje fundamental en lo divino. La idea
kantiana del imperativo categórico ha sido quizás el intento más serio en este
sentido. Kant creía que cualquier comportamiento que no pudiera ser
elevado a legislación universal jamás podría ser considerado norma social. Por
desgracia para él, el tiempo no le ha dado la razón. Según Kant, si todos
mintieran desaparecería el mismo hecho del decir e incluso de la comunicación
entre personas. Pero en la época de la manipulación de masas, de la "prensa
rosa" y de la "educación para la ciudadanía", Kant sirve de poco cuando
son millones los que hacen de la mentira una "legislación
universal".
¿Qué nos queda entonces? Hay poca elección. Entre los
"derechos" que justifican y fundamentan genocidios y los deberes puros, cuya
vaciedad sirve de poco ante el embate del nihilismo generalizado, solo el deber
para con Dios puede fundamentar el hacer y el comportamiento de los hombres.
¿Cómo implementarlo? Pues es quizás lo más sencillo de todo porque al exigirse
primero que a nadie a nosotros mismos, cada uno puede empezar dando un vuelco a
su propia vida y exigiéndose a cada uno lo que el soplo del Espíritu lleva
siglos exigiendo a los hombres. Un hombre así renovado contempla un mundo de
deberes para con todo lo que le rodea -sus padres, su país, el mundo, sus hijos-
y para con todos busca dar lo mejor de sí mismo. El resto no es sino decadencia
y corrupción intelectual, que es la que está en el origen mismo de todas las
demás corrupciones.
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| COMENTARIOS |
| domingo, 04 de octubre de 2009 |

Gran artículo  |

Es interesante la inversión de perspectiva que propone el autor. Muchos deberían de tomar nota.
# Publicado por: Juan Mauro
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| domingo, 04 de octubre de 2009 |

Se puede imaginar...  |

Los deberes cumplidos deberian delimitar y determinar los derechos exigibles tanto individuales como colectivos. Para exigir un derecho se deberia esgrimir un deber cumplido, y no un mantra, que es lo que parece de moda hoy en dia. La falta de cumplimiento de los deberes tendria que suponer la perdida automática de los derechos aparejados a estos. El problema es que los derechos son inalienables, no se porque, mientras que los deberes son sorteables, con el beneplacito, la comprensión y el regocijo general.
# Publicado por: goordok
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| sábado, 03 de octubre de 2009 |

estiescol mental  |

Pero no es solo Almodovar, Cuentame, y muchos más, acaso han visto a Amar en tiempos revueltos yo si, y cada vez que lo veo lo comparo con todo lo que está sucediendo hoy en España, es igual, me pregunto acaso estamos en una dictadura Han visto el Salvame de Tele 5 por las tardes, hora protegida, quien dice algo, nadie pues les conviene tener a muchas personas entretenidas de ciertas esferas.
# Publicado por: Sergi
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| sábado, 03 de octubre de 2009 |

Derechos y deberes.  |

Estamos en unos momentos en que todos hablamos de derechos y de libertades.Es muy raro aoir hablar de de deberes y de responsabilidades. Como tantas otras cosas, con la Lode nos trajeron a los colegios aquellos panfletos de algún sindicato en que, negro sobre blanco especificaban los DERECHOS de los alumnos. Muchos maestros, muy progresistas ellos, los ponian en el frontispicio de la clase y se los explicaban a los alumnos. Otros maestros, mas razonables, creo yo, tambien los ponian, y al lado los DEBERES, y tambien les hablaban de LIBERTADES y de RESPONSABILIADADES. Como en tantas otras cosas educación aquellos modos traen estos lodos. Valores positivos fuera , para qué.
# Publicado por: Desintoxicado
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| sábado, 03 de octubre de 2009 |

el problema de los istas derechos frente a deberes  |

Debo felicitar a Eduardo Arroyo por este resumen totalmente acertado y sin desperdicio.Inicio y punto importante de todo este cambio de visión de una sociedad de derechos y sin Dios es la famosa Declaración de DERECHOS humanos en la que existe una total ausencia de los DEBERES. Esto propicia la aparición de organizaciones istas sindicalistas, ecologistas, socialistas, comunistas, asambleistas, anarquistas,etc. que sólo miran por SUS derechos queriendo torticieramente obligar a los OTROS que cumplan sus obligaciones para con SUS derechos. Mientras sus miembros a modo individual no se obligan a si mismos, salva raras excepciones.En el comienzo del lenguaje, los istas eran individuos que manifestaban aptitudes y sobre todo deportivas alpinista, ciclista, etc. Qué cambios
# Publicado por: No a los istas
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