El consejero delegado del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián , escenificó el jueves el profundo desencuentro existente entre su grupo de comunicación y el Gobierno. Cebrián aprovechó una conferencia en el hotel Ritz organizada por el Foro de la Nueva Comunicación para lanzar una batería de dardos contra el Ejecutivo y, especialmente, contra su política de medios, un "fuego amigo" – tal y como acuñó Felipe González - a base de puñaladas que, sin embargo, no pudieron alcanzar las espaldas de ninguno de los ministros del Gobierno de Zapatero, puesto que ninguno de ellos hizo acto de presencia en la ponencia de Cebrián.
El secretario general del PSM, Tomás Gómez, y la responsable de política internacional del PSOE, Elena Valenciano, aguantaron el chaparrón que le cayó a José Luis Rodríguez Zapatero desde la tribuna de oradores. Así, el consejero delegado del gigante PRISA reclamó recomponer el actual sector audiovisual a su entender "un gran maremagnum", para alcanzar un modelo "con las reglas del juego claras y exento de amiguismos". Tras defender la independencia de los medios de Prisa– "no estamos alineados con ningún gobierno ni contra ningún gobierno" -, Juan Luis Cebrián alertó contra el clientelismo y la tentación de los gobiernos de utilizar las licencias de radio y televisión "como elementos de presión".
Ver para creer. Cebrián demostró su carencia de pudor ante algo tan público como las prebendas políticas, económicas e informativas que su empresa recibió del Gobierno de Felipe González, a favor de un claro oligopolio informativo y concentración de medios de trayectoria felipista, que constituyeron un claro peligro para la libertad de expresión. Favores que se prolongaron durante los mandatos de José María Aznar y amplió Zapatero hasta que optó por no sólo no plegarse a sus presiones, sino y, por si fuera poco, permitir el nacimiento de un nuevo grupo de comunicación de izquierdas en torno a sus amigos de Mediapro.
La aparición del nuevo actor mediático en la izquierda, justo cuando Prisa recibió el mazazo de la muerte de su fundador, Jesús Polanco, unido a las serias dificultades en las cuentas de resultados, vienen provocando una feroz pelea político-mediática, además de nervios y, en el caso de Juan Luis Cebrián, hasta la perdida del sentido de la medida. Está acostumbrado a disfrutar de todo. El poder y la cartera. No se conforma con menos. Su alegato, otorgando una "segunda oportunidad" al Gobierno para redimirse, es fruto de un cóctel formado por la angustia desatada ante la venta de una sobrevalorada Digital Plus, la ansiedad acumulada por la competencia en la "guerra del fútbol" y la perdida de influencia en el Palacio de La Moncloa.
¿Se arreglarán las cosas? Al fin y al cabo, Prisa y PSOE se necesitan. Ese es el drama de Cebrián, pero también de Zapatero. Todo está abierto.
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