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LIBROS |
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| LECTURA RECOMENDADA |
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| Orgullo gay e ideología de género: la verdad sobre los nuevos derechos |
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| Pascual Tamburri Bariain |
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El Día del Orgullo Gay es también un acontecimiento intelectual. Mientras una minoría de homosexuales celebra en público los nuevos dogmas de género la mayoría calla.  |
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CONVERTIR GUSTO EN IDENTIDAD |
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Marce Rodríguez y Mariola Cubells, Mis padres no lo saben. Prólogo de Álvaro Pombo. Plaza & Janés, Barcelona, 2009. 246 pp. 17,90 € |
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¿LIBERACIÓN O IDEOLOGÍA? |
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Guy Hocquenghem, El deseo homosexual. Con Beatriz Preciado, Terror anal. Prólogo de René Schérer. Traducción de Geffroy Huard de la Marre. Melusina, Barcelona, 2009. 176 pp. 18,90 € |
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"Ningún hombre de bien, ningún deportista, ningún medico reputado, ningún intelectual de vanguardia, ningún artista prestigioso, ningún padre, ningún hijo perfecto, ningún catedrático, ningún juez, ningún presentador de televisión, ningún actor, ningún empresario. Nadie con proyección pública era gay. O al menos nadie lo confesaba con naturalidad. Así pues, pasaron sus infancias, sus adolescencias, sus juventudes, sin nadie a quien admirar que fuera como ellos. Sin nadie a quien poder poner como ejemplo ante los suyos cuando los rechazaban. Sólo había locas, o trastornados, o marginales. Ni siquiera tenían personajes de ficción en los que fijarse…"
Marce Rodríguez y Mariola Cubells presentan coincidiendo con el llamado día del Orgullo Gay (28 de junio) y con su celebración en Madrid en el primer fin de semana de julio un libro sin precedentes en España: una recopilación de vivencias de personas homosexuales, que describen distintos aspectos de la vida en nuestro país –ayer y hoy- de ciudadanos que tienen una orientación no heterosexual. Será sin duda un éxito de ventas porque muchos lectores encontrarán interesantes e incluso conmovedores muchos de los relatos.
Es verdad que España ha cambiado, y El Mundo acaba de publicar una lista con los gays más conocidos e influyentes de nuestro país. A ellos les seguirán bisexuales, transexuales, multisexuales y hasta algunos que se nieguen a colocarse etiquetas. Hay sin embargo bastantes equívocos pendientes de solución, algunos de los cuales se abordan en este libro aunque otros, ay, quedarán agravados por él si se lee acríticamente.
Ante todo, España es un país de personas libres. Nadie puede ni debe ser discriminado por su sexo o su orientación sexual. Pero eso incluye, o debe incluir, la discriminación positiva. Del mismo modo que es justa la denuncia de la discriminación de quienes tienen una cierta orientación debe denunciarse todo intento de discriminar a quienes no la tengan; y esto, en determinados ámbitos de la vida española, está sucediendo. En el libro de Rodríguez y Cubells el hilo conductor es la reivindicación de la libertad y de la igualdad; pues bien, haya libertad e igualdad, pero para todos y todas.
Libertad. Libertad también, por ejemplo, de no identificarse con el cliché políticamente correcto de "lo gay". Decenas de miles de españoles no son convencionalmente heterosexuales, sin por eso reconocerse en los festejos del ambiente gay, en la pertenencia a ese ambiente o en la reivindicación del Orgullo Gay. Libertad, pues, pero también la de no participar en esa parte de la vida española o la de hacerlo según cada uno quiera. Por no hablar de las libertades de los vecinos de los barrios que resultan ser sedes de estas fiestas populares.
Libertad. La de no declarar su propia identidad sexual, por ejemplo. No sólo ya la de aceptar o no el modo "oficial" de ser heterosexual (o cualquier otra palabra que se quiera utilizar) sino la de no formalizar de ninguna manera una inclinación o conducta sexual fuera de la media. Entiendo que hay una enorme presión para que esa libertad no exista, una presión que se multiplica en el caso de los adolescentes (quien vea Física o Química lo entenderá si se analizan todas las dimensiones del papel de Adrián Rodríguez, David en FoQ). ¿Pero no queríamos libertad?
Y libertad por último de calificar los propios impulsos o prácticas sexuales como cada uno prefiera. Para unos es una parte esencial de su identidad personal y de su vida social. Perfecto; pero no puede pensarse que sea la única opción: habrá quien considere esa situación un hecho estrictamente privado -¿se va a considerar obligatorio el outing de terceros o se tipificará como delito?- y podrá haber quien lo considere un hecho patológico y susceptible de sanación (Jokin de Irala ha recogido testimonios que nada tienen que envidiar por su dramatismo a los muy válidos de Rodríguez y Cubells). No se trata de considerar la homosexualidad como una enfermedad, sino de dar la opción a quien quiera cambiar su tendencia de poderlo hacer. Es un país curioso, en el que se pagan con dinero público las operaciones anatómicas de cambio aparente de sexo pero están en la práctica prohibidos los tratamientos psicológicos para cambiar de orientación sexual. ¿No era una cuestión de libertad? Pues que sea libertad.
Rodríguez y Cubells han hecho un buen libro que hará pensar a muchos. Es bueno. Deben pensar también que la libertad sólo se defiende sinceramente si se exige también para los que piensan (o en este caso sienten) distinto. El mayor riesgo para los homosexuales españoles no es en este momento la homofobia, de la que este libro recoge ejemplos lamentables. Es la subordinación a una ideología de género que haga del código de conducta mal llamado gay (sólo algunos gays lo están definiendo) un elemento de la corrección política. Pero estamos hablando de personas, y sería inmoral -sí, inmoral- anteponer una ideología de algunos a la libertad de todos.
Si se defiende la libertad habrá que defender también la de los hombres y mujeres de HazteOir.org y de Derecho a Vivir que este mismo sábado 4 de julio se reúnen en Madrid (¿casualidad?) para analizar la defensa del derecho a la vida y para entregar sus premios anuales. Si se conmemora por un lado el cuarto aniversario de una reforma legal del matrimonio polémica y oportunista por parte de Zapatero habrá que reconocer a otras personas, y a las mismas en ocasiones, que se opongan a esa u otras leyes del mismo origen. "Estamos en el siglo XXI. Con una ley en mantillas; pese a todo, ser gay en España, a pesar de los derechos aprobados por el Parlamento, sigue siendo un íntimo drama para muchos, porque en lo que la ley no ha entrado todavía es en el alma de los padres, los hermanos, los amigos…" La pregunta es si tiene derecho a hacerlo y a imponerse como nueva verdad revelada, porque quizás entonces estemos destruyendo la libertad en nombre de la libertad. Y en todo esto el libro de Rodríguez y de Cubells será un útil instrumento de reflexión, aunque para algunos pueda serlo de propaganda.
La ideología de género al desnudo
Guy Hocquenghem, dentro de la gran ola revolucionaria de 1968, abrió un nuevo frente. El deseo homosexual, publicado en 1972, fue uno de los primeros pasos de la inclusión intelectual de la cuestión homosexual en la ideología de género. Tras El segundo sexo de Simone de Beauvoir, Hocquenghem osó proponer no ya un "tercer sexo" sino una liquidación completa de las identidades sexuales existentes. Para Hocquenghem, de quien en está edición española se hace eco Beatriz Preciado llegando hasta extremos poco habituales (" Sólo me queda desearte lo mejor: colectiviza tu ano"), el género es una construcción social y la reivindicación de la homosexualidad no sería tanto una batalla por la libertad como una lucha por cambiar totalmente la sociedad.
Hay que entender que Hocquenghem procedía del marxismo-leninismo, del que salió expulsado precisamente porque para los socialistas y comunistas anclados en 1917 los vicios burgueses no tenían lugar en la lucha de clases proletaria. Los revolucionarios de 1968 comprendieron el fracaso del marxismo y la necesidad de llevar la revolución a otro terreno: de la lucha de clases a la lucha de sexos, de la construcción utópica de una sociedad comunista sin clases a la edificación de una sociedad en la que los "géneros" sirviesen para derribar el orden existente.
Hocquenghem es, por consiguiente, un autor decisivo si se pretenden comprender en qué consisten los "nuevos derechos" de José Luis Rodríguez Zapatero. Abandonada salvo matices una alternativa económica real la lucha revolucionaria se ha trasladado al interior de las familias, de los pueblos y de las conciencias. Permanecerá la propiedad privada y la "explotación del hombre por el hombre", pero la izquierda cree haber encontrado una nueva palanca motora.
¿Creyó Hocquenghem en la llamada "lucha homosexual" como hoy la conocemos? Es dudoso, porque él mismo anotó que "el deseo homosexual ha sido encerrado en un juego de la vergüenza que no es menos perverso transformar en juego del orgullo". Para Hocquenghem no se trata de crear libertades para todos, ni siquiera de verlas reconocidas para algunos (los homosexuales, un término de origen clínico que él mismo no aprecia en absoluto), sino de equiparar todas las formas de deseo sexual, y de anular toda diferencia. Izquierdista al fin, en él prevalece la igualdad sobre cualquier forma de libertad.
Todos conocemos hombres y mujeres homosexuales, o con prácticas homosexuales en su vida. Políticos, empresarios, actores, deportistas; jóvenes o mayores, cercanos o lejanos, públicos o discretos, solteros o casados. Siempre ha sido así, aunque hoy sea además una moda incorporarse si no a las prácticas sí a una parte del estilo de vida y de la estética de ese grupo. Estén o no en la reivindicación pública del Orgullo Gay esos hombres y mujeres corren el riesgo de convertirse en otros tantos instrumentos de alteración de la convivencia social.
Si quiere usted entender dónde vamos con Zapatero tendrá que leer a Hocquenghem; algo que el presidente seguramente no ha hecho pero que alguien habrá hecho por él, como suele pasar con los políticos profesionales. Pobres: no les imite usted, caballero.
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| COMENTARIOS |
| domingo, 05 de julio de 2009 |

Dictadura de una minoría  |
Qué país y qué sindicatos. O sea, que hay cuatro millones y medio de parados y a Méndez y Toxo la única manifestación a la que acuden es la de los homosexuales. Y apoyando encima las procacidades y los insultos que esa gente dirige a la mayoría de la población que no es homosexual. No hay más que ver las actitudes y palabras que salen de las bocas de algunos manifestantes para detectar que son alentadas por el Psoe de Zetaparo.
# Publicado por: Valero Eportal
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| sábado, 04 de julio de 2009 |

Orgullo Gay Porqué  |
Es como proclamar el día del orgullo del síndrome de down o el día del orgullo del pies planos.... Lo normal es la heterosexualidad y la homosexualidad no va a conseguir nada con la heterofobia. Fuera de norma son los que salntan más de 8 metros, o tienes un coeficiente de inteligencia superior a 200 o meten goles imposibles.
# Publicado por: Barbaridad
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