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LECTURA RECOMENDADA
El mejor economista de España hace historia de la crisis: será la peor
Pascual Tamburri Bariain
Juan Velarde Fuertes ha formado a varias generaciones de economistas españoles. Él mismo sigue aprendiendo y enseñando. Hechos y teorías de ayer explican nuestra ruina de hoy.
15 de mayo de 2009 Imprimir este artículo Enviar a un amigo Aumentar texto Reducir texto Compartir: Acceder al RSS Comparte esta noticia en Facebook Comparte esta noticia en Twitter Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé Enviar a Digg Enviar a MySpace
SIN PELOS EN LA LENGUA
Juan Velarde Fuertes, Cien años de economía española . Encuentro, Madrid, 2009. 368 pp. 21 €
TEORÍA ALTERNATIVA
J. E. King, Una historia de la economía poskeynesiana desde 1936. Traducción de Ricardo Molero Simarro. Akal, Madrid, 2009. 304 pp. 27 €
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A Juan Velarde le "aterra el actual equipo económico y, si no se cambia, será un suicidio". Después de una vida dedicada a la enseñanza, a la investigación a servir al Estado desde la economía, Velarde puede permitirse no tener pelos en la lengua. No los tiene al analizar la crisis actual y no los ha tenido tampoco al escribir, para Encuentro, una historia de los últimos cien años de la economía española.

Ante la crisis, pero también mirando hacia el pasado, Velarde critica por igual la pasividad y el populismo, el déficit y la falta de investigación y desarrollo ligados a la empresa. Con su prestigio y su experiencia se puede permitir no respetar ningún dogma, porque de lo que se trata es de evitar volver por la senda de fracasos económicos ya conocidos.

En España, pero no sólo, han sobrado arbitristas, diletantes y aficionados a la lectura de teorías económicas; en nuestro pasado y quizás en nuestro presenta han faltado gestores económicos públicos dispuestos a solucionar los problemas pasando por encima de todos los prejuicios. Velarde convierte en historia apasionante el relato de nuestra modernización económica desde el desastre de 1898 hasta José María Aznar. Y después...

Juan Velarde acaba de dar la clave de la importancia de la política en la economía, y viceversa, en su magnífica colaboración en el libro de FAES coordinado por Benigno Pendás e inspirado por Aznar (Antonio Maura, en el aniversario del "Gobierno Largo"). Velarde ha demostrado que Maura –el referente necesario de toda derecha española desde 1898- tuvo una política económica. Su técnico de referencia fue nada menos que Flores de Lemus; quizás Maura no supiese nada de economía, pero tenía una idea clara de qué pedir a los economistas: no más liberalismo económico puro y duro, no más Echagaray, no más Manchester "porque sí". Quizás, nacionalista, populista sin duda, intervencionista y corporativista antes de la demonización de esa idea. Velarde cree que Maura inició en 1907 el retroceso del mercado en España, precisamente con un sentido social de tradición católica y conservadora.

La derecha social de Maura creó de hecho la protección social y la economía mixta que han llegado hasta nosotros. No fue un utópico ni un revolucionario; quiso impedir la revolución de la izquierda social evitando la dictadura de la derecha económica, y situó a España en la vanguardia de lo que sería la economía social de mercado, de bases católicas y de desarrollo keynesiano. Desde Maura, aunque los liberales en lo económico sean de centroderecha en lo político no toda la derecha moderna es liberal.

Y es que el problema actual que emerge en los titulares de la prensa es que los políticos se reparten de nuevo las etiquetas, por ejemplo, de liberales y de keynesianos, sin tener claro ni qué quierne decir ni en qué contexto se aplican. Por eso será bueno que nuestros políticos lean a Velarde… pero no sólo a él.

El debate teórico no ha hecho más que empezar

Velarde no se engaña: detrás de la historia económica y de cada uno de sus vaivenes –crisis o no- hay también un ir y venir de teorías económicas. La crisis de 2008 (que para el presidente Zapatero empezó sólo después de su reelección) no es una excepción. Por una parte ha vuelto a las portadas de los periódicos la añosa cuestión de la intervención pública o la libertad de mercado (¿radicalmente excluyentes?), centrada en la figura histórica de John Maynard Keynes. Por otro lado se cumulan más que sucederse la publicaciones de todo tipo tanto para explicar qué sucede ahora en nuestra economía como para buiscar soluciones para nuestros problemas.

De la primera parte del debate se ha ocupado J.E. King, con su historia de la economía poskeynesiana desde 1936 traducida para Akal por Ricardo Molero Simarro. J. E. King es profesor de Economía en Australia, y recoge de manera atrevida y case provocativa siete décadas de enfrentamientos sobre las ideas del gran economista británico, y sobre sus seguidores hasta el día de hoy. Mejor dicho, hasta el día de ayer, porque King describe la polémica teórica hasta las vísperas de la actual crisis, lo que debe tenerse en cuenta a la hora de leer este por otra parte magnífico libro.

"Keynes se mostró desde el principio ambivalente en muchas cuestiones teóricas decisivas", según King; y con seguridad esto es cierto, pero no menos es cierto que en su nombre o contra él se han hecho y dicho muchas cosas a lo largo del siglo XX. La gran aportación de Keynes a la economía teórica es probablemente el principio de la demanda efectiva, es decir la convicción para él demostrada de que una economía puede activarse interviniendo sobre el factor demanda de manera directa o indirecta. Aunque Keynes sea contradictorio en sus escritos, y aunque él mismo hablase después de la "excepcionalidad del pleno empleo", lo cierto es que su análisis económico de la primera Guerra Mundial y sus respetadas opiniones durante la crisis de 1929 y en la segunda Guerra Mundial se han entendido siempre en la línea de una mayor intervención pública en la economía, como medio preferente para activar la demanda.

Esto es para los economistas neoclásicos, sencillamente, "socialismo". Quizás los admiradores póstumos de Hayek tengan razón con marxistas y asimilados como Michal Kalecki y los "keynesianos de izquierdas", y quizás su opinión haya prevalecido en el mundo anglosajón. Pero la verdad es que la crisis de 1929, una crisis de deflación y de confianza en cierto sentido como la actual, fue solucionada con un crecimiento de la demanda, sea aplicando las teorías de Keynes o de otros sea esperando a la demanda publica dramáticamente incrementada desde 1939.

¿Es "socialismo" toda intervención pública? Si eso fuese así Europa entera, que vive en mayor o menor grado desde el período de entreguerras una economía social de mercado sería "socialista". Pero muy diferentes teóricos, no necesariamente sólo keynesianos y desde luego tan inmunes al marxismo como puede serlo un católico, coincidieron en defender medidas así. El keynesianimo nació como una escuela "disidente" que sólo brevemente ha sido mayoritaria, y King describe muy bien su historia. Keynes sin embargo nunca quiso romper con la ciencia económica, sino que aspiró a extender sus ideas, y fue "consciente de generar una revolución en la concepción de los problemas económicas". Y sin embargo…

King nos cuenta una historia que parecía haber terminado. Para él, en el siglo XXI el intervencionismo keynesiano sería sólo una supervivencia como una minoría tolerada en un mundo de economistas liberales ortodoxos. Es la conclusión de King, pero las cosas han cambiado. Para muchos la inhibición del Estado y la privatización de la economía está entre las causas de la actual crisis y no entre sus posibles soluciones. Y al margen de que uno lo crea sí o no es evidente que conocer las distintas ideas y vertientes del keynesianismo en su historia es hoy más necesario que nunca, porque vamos a verlas debatidas no ya como supuestos teóricos o históricos, sino como medidas futuras en nuestro propio país. En este sentido el libro de King es más que nunca necesario.

No es sólo King el que vuelve a discutir los dogmas ortodoxos clásicos. Carlos Salas acaba de firmar para Áltera La crisis explicada a sus víctimas, Fernando Trías de Bes ironiza ma non troppo con El hombre que cambió su casa por un tulipán y en general ya casi nada es seguro más que la multiplicación de los libros de divulgación económica. ¿Será el exceso o el defecto de ortodoxia económica liberal lo que nos ha llevado donde estamos? ¿El crecimiento de la década anterior pudo ser más sano siendo más libre o debió ser más sano respondiendo más a uno u otro modleo intervencionista? Como bien diría Velarde en el pasado tenemos ejemplos de uno y otro caso y se trata más bien de que los políticos, más que adoptar un recetario como dogma, piensen en las necesidades de la gente. En 1929, hasta que no lo hicieron, sus medidas se limitaron a agravar la crisis. Y nadie quiere algo así ahora, aunque el precio sea quitar la razón a la conclusión final de King y dársela a Velarde en su sensato pragmatismo.

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