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JACKSON BROWNE |
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El cantante norteamericano, nacido en Alemania en 1948, se ha dejado llevar también por el virus de la política. Quizá sea eso lo que mantiene seca, o eso parece, su capacidad creadora, seis años después de su último trabajo original. |
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Los sueños tejen una realidad alternativa, en la que toda ilusión es posible. La
libertad de soñar concede al soñador el poder de vivir lo que la vigilia le
niega. ¡Qué enorme potestad... enriquecer nuestra circunstancia con el
salvoconducto al territorio de la imaginación! Convertir el deseo en realidad no
es prerrogativa del poderoso, del agraciado, sino del que es capaz de esquivar
la tiranía de lo tangible y percibir con el alma.
El poeta construye con
el mágico poder de las palabras una y mil situaciones, pócimas de sensibilidad
encubiertas en el ejercicio estético de rimas. La poesía es la arquitectura del
sentimiento en su más pura formulación. Privilegio del poeta, alear vocablos en
secuencia, ritmo y apariencia. El poeta es el cosechador de sensaciones. Siembra
palabras que procrean emociones.
Un ejemplo en
forma de música
Jackson Browne tiene ese rasgo
diferenciador del imperio de la palabra. Esa majestad que toca sólo a unos
pocos. En sus juegos de palabras se adivina su biografía, su descaro juvenil, su
pudor inicial ante el amor, su posterior pérdida de pudor, el dolor del rechazo,
sus causas perdidas y ganadas. Maestro de la ironía, se doctoró en la metáfora
del sufrimiento.
Los avatares de su dilatada carrera artística han
llenado sus alforjas de obras que merecen elogios superlativos: Jackson
Browne y For Everyman, debut y consolidación; Late For The Sky
y The Pretender, obras maestras irrepetibles; Running On Empty,
calidad y éxito; y I´m Alive, el arte de la desolación.
Otras en el límite de aquéllas, como Lives In The Balance, Hold Out y
Looking East. Algunas obras menores, con momentos extraordinarios,
son Lawyers In Love, World In Motion y The Night Inside
Me.
Anda tiempo distraído, Jackson Browne, de sus quehaceres
creativos. No precisamente ocioso, porque su actividad ha sido siempre intensa.
Conciertos, beneficencia y política, mucha política, acaso demasiada política.
Nos dio mucho, por eso le exigimos mucho, porque presumimos una capacidad que no
puede estar agotada a pesar de los peldaños descendidos, a pesar de algún que
otro extravío. Me gustaría pensar que no está esclavizado en la dictadura de la
"progresía", porque Jackson tiene la capacidad de la idea, que
es viva y dinámica, en contra del sucedáneo de la ideología, que siempre tiende
a la necrosis.
Y volvió con
fuerza
En los primeros días de marzo ha visto la luz su último CD,
titulado Solo Acoustic Vol. 2. Como un respiro, un aliento que recupera
el resuello de fatigas externas. Es una continuación de la serie emprendida con
el volumen 1 en su propio sello Inside Records, que traza una línea paralela
entre lo que se supone ha de ser su carrera creativa y una reproducción de
canciones de su repertorio, grabadas durante sus conciertos acústicos. A simple
vista, no hay nada sorprendente en el CD: clase y dilección en la interpretación
pero poco más.
Solo Acoustic Vol. 2 es un CD muy agradable que
descuenta las canciones con tranquilidad y espontaneidad. Jackson genera
una complicidad sosegadora con su público. Explica sus canciones y regala claves
sobre su significado. Cuenta con 19 cortes, 7 de ellos introducciones que puede
eludir quien no guste de este tipo de transiciones. Sus comentarios son
esclarecedores, porque domina como pocos la escena, salpica de anécdotas sus
conciertos y predispone al auditorio a escuchar y a entender lo que va a oír. Un
rasgo de amabilidad y cortesía.
Ha escogido un repertorio extraño, con
algunos momentos fuera de la órbita de sus éxitos tradicionales, "Enough Of The
Night", "Never Stop" o la grata sorpresa de "All Good Things". Interesantes
ejercicios acústicos de otras pensadas para banda, como "In The Shape Of The
Heart", siempre sobrevalorada, "The Night Inside Me", "Somebody´s Baby", "Casino
Nation" o la joya "My Stunning Mystery Companion". Algunas propicias para la
ocasión: "Something Fine", "Sky Blue And Black" y "Alive In The World".
Recuerdos de juventud con "Redneck Friend"...ironía lasciva.
El que
estuviera acostumbrado a sus recitales acústicos no encontrará sorpresas porque
su repertorio en solitario era amplísimo, pero para el oyente de su discografía
original, puede suponer un acicate especial esta selección y esta faceta de
Jackson Browne. Por otra parte, debe ser bien acogida su propensión a no
echar mano de sus éxitos en directos. Le imprime carácter y es un ejercicio de
honestidad.
El acompañamiento
La
producción corre a cargo del propio Browne y Paul Dieter. Voz
acompañada de su guitarra o de su piano, frente a una audiencia entregada; y
palabras, palabras, palabras cantadas, palabras habladas, suspiros y
quietud.
Buena forma con un diseño de portada que sigue la línea de su
predecesor y un sonido perfecto, casi en la pleitesía de la obsesión por la
pureza de sonido que acompaña, casi atormenta a Jackson. Contaba Don
Was, productor de culto que asistió al hito memorable de I´m Alive,
su última obra maestra, que tenía mucho interés en trabajar con
Jackson pero que fue un suplicio su terquedad con el sonido:
parecía no estar conforme nunca con el producto obtenido.
Echamos de
menos una obra nueva de Jackson. Va para seis años desde su último CD
original, la menor The Naced Ride Home, y desde hace tres, en los
corrillos del microcosmos Browne, se alienta la esperanza de
que está en el estudio y que "para finales de año" aparecerá un nuevo CD. Parece
que este año se cumple el rito y vuelve a expandirse el rumor de que así será...
pero habrá que verlo.
De momento, hemos de conformarnos con este
aperitivo, nada desdeñable, pero en modo alguno sustitutivo de los anhelos de
sus creaciones. Dicen que su voz es más débil, más en la frontera de los
sesenta, no está vencida, simplemente mecida por los vientos de los años, como
juncos espigados que se inclinan pero no quiebran. La saga continúa en una
liturgia contraindicada para corazones escarchados, porque el poeta y el sastre
melódico anda midiendo y tramando nuevas formas de decir; y es que, bien
pensado, un poco de Jackson Browne es más que suficiente.
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