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LIBROS |
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| DE LA RESTAURACIÓN A FRANCO |
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| Marco, Moa, Tamames: otra visión sobre 80 años de nuestra historia |
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| Carmelo López-Arias |
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Se ha puesto de moda descalificar como "revisionista" toda interpretación del pasado distinta de la "memoria histórica" zapateril. Como si fuese posible avanzar sin revisar lo ya sabido.  |
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ANTES DE LA REPÚBLICA |
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Ramón Tamames. Ni Mussolini ni Franco: la dictadura de Primo de Rivera y su tiempo. Prólogo de Fernando García de Cortázar. Planeta. Barcelona, 2008. 458 pp. 23 € |
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POSGUERRA EN PLENA GUERRA |
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En Años de hierro. España en la posguerra (1939-1945) (La Esfera de los
Libros; Madrid, 2007; 726 pp.; 26 €) Pío Moa analiza con
detalle cómo se desenvolvió el régimen de Franco durante la
Segunda Guerra Mundial, entre la reconstrucción interior y la adaptación en el
exterior al progresivo desequilibrio de la contienda desde el predominio del
Eje a la victoria de los Aliados. |
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EN TORNO A ESPAÑA |
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José María Marco. La libertad traicionada. Siete ensayos españoles. Gota a Gota. Madrid, 2007. 363 pp. 23 € |
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Esa pretensión de que ya existen conclusiones definitivas sobre
algo es la antítesis del conocimiento científico. Es verdad que hay tesis,
teorías y datos que pueden darse por bien establecidos, pero cuando aparecen
otros que los discuten lo que procede es responder con la razón y los hechos, y
no rasgándose las vestiduras.
En los últimos años no paran de
hacerlo, sobre todo, los interesados en apuntalar la muy
parcial memoria histórica guerracivilista que intenta
imponer José Luis Rodríguez Zapatero.
Pero eso no
está evitando que se publiquen obras que contravienen los rígidos dogmas de la
historiografía marxista, incluso cuando los escriben antiguos dirigentes del
PCE. Esta pequeña revolución libresca nos permite agrupar los últimos trabajos
propiamente históricos de Ramón Tamames sobre la Dictadura de
Miguel Primo de Rivera (Planeta) y de Pío Moa
sobre los primeros años del régimen de Francisco Franco (La
Esfera de los Libros), y el reeditado ensayo histórico-político de José
María Marco sobre algunos de los escritores que marcaron la
Restauración, su crisis y el fracaso del 14 de abril (Gota a Gota, editorial de
la FAES que preside José María Aznar).
La Restauración y la crisis de la idea de
España
José María Marco aborda el pensamiento de
siete autores que protagonizaron el debate intelectual nacional desde la
Restauración hasta 1936. Joaquín Costa, Ángel
Ganivet, Enric Prat de la Riba, Miguel de
Unamuno, Ramiro de Maeztu, Manuel
Azaña y José Ortega y Gasset son estudiados en la
perspectiva de su idea de España y del liberalismo.
Para
Marco, en torno al Desastre de 1898 comienza a fraguarse una
auténtica "labor sistemática de destrucción de la cultura nacional", durante la
cual "nada se salvó de la brutalidad de una crítica despiadada e injusta". El
noventayochismo, supuestamente regenerador, habría en realidad
frustrado "la idea de la nación española como marco de convivencia", unido a la
labor de zapa de los nacientes separatismos y de la lucha de clases que ponen en
práctica anarquistas, socialistas y comunistas. De los autores
estudiados Marco salva, en ese sentido, al gran
Maeztu y, pese a ser el padre del nacionalismo catalán, a
Prat de la Riba, en la medida en la que ambos intentaron
entender la sociedad de su tiempo, en vez de refugiarse en algo de lo que acusa
nuestro autor de una forma u otra a los demás: la "irresponsabilidad", esto es,
la incapacidad para darse cuenta de que su obra dinamitaba los fundamentos de la
convivencia.
La obra de Marco aborda con unidad de
criterio, en su defensa de España como "nación liberal" (pero orgullosa de su
pasado y sin caer en el nacionalismo por la universalidad católica de su
tradición religiosa), toda la Restauración, que recibe un juicio menos severo
que quienes tanto la debelaron.
Miguel Primo de
Rivera
La Dictadura de Primo de Rivera
(1923-1930) sella precisamente su fin, aunque todavía pueda encuadrarse en su
paradigma cultural. Ramón Tamames acaba de dedicarle un
magnífico estudio que no se aleja demasiado de la consideración habitual de que
aquel régimen fracasó en lo político tanto como triunfó en lo económico y
en las obras públicas.
Tamames explica que la admiración
de Primo por Benito Mussolini no permite
asimilar sus dos gobiernos, pese a su coincidencia temporal: "El régimen de
Primo de Rivera no se organizó para frenar movimientos de
verdadero alcance contra el sistema, sino, en su propia voz, para acabar con la
falta de eficacia y de eficiencia del degradado régimen parlamentario". Es el
mismo juicio que haría años más tarde su propio hijo José
Antonio, y que se distingue de la visión liberal de la Restauración de
Marco (o de Pío Moa en Una historia
chocante) en que ésta considera que el régimen que inauguró Antonio
Cánovas del Castillo habría podido sobrevivir a sus innegables errores
de no haber sido destruido con mala fe por la izquierda en la calle y, desde el
papel, por intelectuales como los anteriormente
reseñados.
Tamames hace un rápido retrato del general,
militar curtido en mil batallas coloniales con un carácter extrovertido e
intuitivo y nada complaciente con la política africana de los gobiernos de
Alfonso XIII.
Es interesante la narración de los
prolegómenos del golpe de Estado y de su apoyo por el Rey. Esa entente
entre el monarca y el dictador aún duraría un tiempo, antes de ser
borboneado por Alfonso XIII, quien -viene a decir
Tamames- pasó de todo "como si el mundo girara en
torno a su intocable persona, posesora de la inmunidad más absoluta para los
grandes avatares que se barruntaban"). El personal y
apasionado llamamiento de Primo a la sociedad española en
1923 se propuso ante todo superar la vieja política del turno entre
partidos fijado en el Pacto de El Pardo de 1885, que había anquilosado el
régimen en el caciquismo y la escasa altura de miras.
Buen conocedor de
la izquierda española, Tamames refresca la memoria del PSOE
sobre sus excelentes relaciones con la Dictadura, y critica la figura de
Pablo Iglesias: "Mientras vivió", escribió Julián
Besteiro -el fundador del partido murió en 1925- "nunca se
desatendieron sus consejos".
Además del final del problema africano con
el desembarco de Alhucemas, el economista Tamames da cuenta de
los logros del régimen: deflación y mejora de los salarios reales, 4% medio
anual de crecimiento del PIB, estabilidad monetaria, traslado de la población
activa hacia los sectores de mayor valor añadido, control del déficit pese al
expansionismo de las obras públicas... "Una ejecutoria económica con más luces
que sombras", resume nuestro autor, que "se vieron afectadas por el problema
principal del dictador en su proyecto: no dar con la salida final
democratizante".
En el epílogo, Tamames marca las
diferencias entre Primo de Rivera y Mussolini
(básicamente, la que esbozábamos antes) y Franco: la falta en
aquél de la doctrina que guió a éste, pese a que ambos, señalan estas
páginas, tuvieron como objetivo la ampliación de las clases medias.
El primer Franco
Y así enlazamos con Años de
hierro, el estudio que Pío Moa ha dedicado a los años del
régimen de Franco que coinciden con la Segunda Guerra
Mundial.
Figura éste entre los trabajos más sustantivos de
Moa (junto con la trilogía de la República o su historia del
nacionalismo, todo ello en Encuentro). La presentación puramente cronológica de
los hechos alienta su teoría de que es preferible acercar la visión
del historiador -y del lector, a su través- a la que en su momento fue de
los protagonistas, no condicionada así por el hecho de que nosotros conocemos el
desenlace.
Reconoce Moa que eso puede causar cierta
sensación de embrollo, pero ¿no es así como se escribe la historia? Esta visión
es particularmente importante cuando tratamos de la forma en que
Franco fue encarando el día a día de su participación en la
guerra mundial. Fue una neutralidad activa que en lo militar implicó la
ayuda al Eje, pero no en cuanto tal, sino en cuanto oposición a Rusia, como se
ve en las páginas que narran la formación de la División Azul mientras se
rechazaba la declaración de guerra que pedía Joachim von
Ribbentrop. Llegó a haber incluso en Algeciras algún intercambio
de cañoneo entre baterías españolas y barcos británicos.
Sin embargo, en
otros muchos ámbitos Franco no dejó de tender lazos a los
Aliados, lo cual quiere decir sobre todo Winston Churchill.
Pero tras las victorias aliadas en el Magreb, el valor estratégico de España
disminuyó y comenzó a sufrir el asedio de Londres al tiempo que perdía interés
para Berlín.
Fueron los momentos más difíciles de los aquí relatados.
Mientras, en el interior la oposición comienza a organizarse
(Moa destaca el importante papel del nacionalista vasco
José Antonio Aguirre, junto al tradicional de los comunistas y
las intrigas monárquicas), tienen lugar crisis decisivas como la que provocó la
sustitución de Ramón Serrano Suñer, y la sociedad española
continúa su camino dando lugar -contra la teoría del páramo- a
importantes etapas de vida cultural: "Los años cuarenta iniciaron una época
dorada del humor, la canción y la literatura popular", en parte, señala también
Moa, porque la "alegría popular" intentaba paliar los efectos
del hambre sobre todo en el periodo 1940-42.
Un retrato, en fin, muy
completo de cómo un "dictador atípico" condujo el país en circunstancias de
máxima tensión mundial y máximo empobrecimiento patrio. Salió adelante más mal
que bien, sostiene Moa, pero es que lo mismo sostiene también
Tamames en las páginas antes comentadas.
Tres obras,
pues, de rigor histórico, profundidad analítica y sumamente amenas para
considerar nuestro pasado con tranquilidad y racionalidad, sin esas "tensiones"
y "dramatismos" con que algunos sacuden el espantajo de la historia.
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| COMENTARIOS |
| lunes, 24 de marzo de 2008 |

La Historia robada.  |
Me ha impresionado muy gratamente leer esta noticia, y la cantidad de datos reales, que se desprenden de su lectura, con distintos puntos de vista que la enriquecen aún más.
En mi época de estudiante, ni en el instituto, ni más tarde en magisterio, se estudió la Historia contemporánea española más allá de los años treinta eso que teníamos muy buenos profesores, pero en los años sesenta, aún estaba muy cerca nuestra guerra civil.
Mis hijos hablaron con sus dos abuelos en la batalla del Ebro estaban en frentes opuestos, y lo que más destaca es que lucharon ahí por el sitio donde vivían al estallar la guerra.
Nunca ni mis padres ni nadie nos inculcó odio ni rencor, hacía nadie, se vivió y se murió en una guerra , que como todas las guerras´para mi son errores, cuando se terminan las palabras y no hay otra forma de defensa.
CREO QUE ESTE LIBRO ABRIRÁ NUEVOS TESTIMONIOS, así espero que la memoria histórica sea la de todos.
# Publicado por: Rosy.M.Pastor
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