Entre los días 22 y 29 del pasado mes de octubre el Centro de Investigaciones
Sociológicas realizó su encuesta periódica sobre las opiniones e intención de
voto de los españoles. En estas fechas preelectorales los datos del CIS tienen
una gran importancia política, y el resultado publicado ayer es inequívoco: el
PP avanza y recorta diferencias, alcanzando un 37,4% de intención de voto,
cuatro décimas más que tres meses antes. El PSOE por su parte habría vuelto a
ganar las elecciones, pero sólo con 2,3 puntos de ventaja sobre la oposición,
una diferencia menor que en 2004 y menor que en las anteriores encuestas. Si a
ello le unimos la gran encuesta nacional que fueron las pasadas elecciones
municipales, ganadas por el PP en número de votos, el Gobierno de José
Luis Rodríguez Zapatero tiene serios motivos de
preocupación.
Aunque el secretario general del PP, Ángel
Acebes, ha hablado de un "empate técnico" entre los populares y los
socialistas, no hay que olvidar que con estos datos el PSOE ganaría las
elecciones, aunque dado el modelo electoral español esto, con tan escasa
diferencia, es muy complicado de cuantificar. Pero lo más importante de los
datos del CIS radica en otros aspectos de la encuesta: en la tendencia de
opinión que se marca, y en las causas de esa tendencia.
El PP sube y el
PSOE baja porque determinadas políticas del Gobierno de
Zapatero hacen que los socialistas pierdan apoyos y que por
otro lado los ganen los populares. Es, sin duda, la combinación más peligrosa en
vísperas de unas elecciones, en las que es sabido que la transferencia de votos
entre los grandes partidos es escasa, pero donde la movilización de unos y la
desmovilización de otros puede ser decisiva. Según el barómetro del CIS el PP
avanzó sobre el PSOE precisamente en pleno debate de los Presupuestos Generales
del Estado –es decir, cuando se discutía la situación de la economía de España y
de la Hacienda del Estado- y cuando estaba en su momento más áspero la polémica
sobre los símbolos nacionales que siguió al 12 de octubre. Dos temas decisivos,
las cuentas y la identidad nacional, que para los españoles el PP gestiona de
manera más convincente que el PSOE.
Curiosamente, y como suele suceder
con los líderes del centroderecha, Mariano Rajoy es calificado
con un 3,75 mientras que Zapatero le supera con un 4,92. Esto
se debe primordialmente a la política de "todos contra el PP" llevada a adelante
durante la presente legislatura, aunque por ello no es significativo a la hora
de acudir a las urnas, donde cada votante se inclina por su formación política
respectiva y sus líderes correspondientes. Con todo, resulta muy significativo
que seis de cada diez ciudadanos diga fiarse "poco" o "muy poco" del presidente
del Gobierno.
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