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Cebrián tuvo el "detalle", sin venir a cuento, de criticar a Zapatero durante una sesión de la RAE por el vídeo propagandístico del PSOE. |
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El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y el consejero delegado del Grupo PRISA, Juan Luis Cebrián, juntos en la Real Academia Española de la Lengua, con motivo de la presentación de los nuevos dominios multilingües en Internet. Un acto en apariencia de menor trascendencia pero con los ingredientes perfectos para generar una malsana curiosidad y una gran expectación.
Poco necesitó Cebrián para satisfacer la espera de los presentes. En su condición de académico de la RAE, el consejero delegado de Prisa reprochó al jefe del Ejecutivo su contribución a erosionar el español con motivo de su última campaña propagandística. En su conferencia, le guardó una pequeña perla para Zapatero: "Desde la leal amistad que le profeso", arrancó Cebrián, "ruego explique a sus asesores que no hace falta asesinar la ortografía para ganar unas elecciones". No contento con ello, remató: "Dejen de amedrentarnos con las Zetas y no confundan lexicográficamente al personal".
Un puyazo que tendría respuesta. En su intervención posterior, José Luis Rodríguez Zapatero hizo un breve inciso para señalar: "Amigo Juan Luis Cebrián, ya que has hecho referencia a esa campaña de la Zeta, quiero decirte que esa campaña parte de una opción de preferencia. Siempre preferiré jugar con las palabras que golpear con ellas". La falta de comunicación entre el consejero delegado de Prisa y el presidente del Gobierno pareció entonces alcanzar su cenit desde que La Sexta se hizo -con el visto bueno de La Moncloa- con los derechos del fútbol que ostentaba Sogecable.
Lo cierto es que en aquel acto hubo poco de improvisación y mucho de escenificación. Según cuentan a Garganta Profunda fuentes solventes, lo ocurrido, grosso modo, fue que Cebrián había tenido el gesto de remitir antes su discurso, "befas incluidas", al Palacio de La Moncloa. Quizá por ese motivo, y ante el reto prisaico, Zapatero tuvo el gesto de no pedir que se cambiase una sola coma. Y así, el entorno del presidente del Gobierno pudo prepararle con celo la respuesta. Así que nada quedó supeditado ni a la sorpresa ni a la espontaneidad.
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