Este martes será día de luto oficial en España. Las banderas españolas de todos
los edificios públicos ondearán a media asta en señal de duelo por los seis
militares asesinados en Líbano. A las once de la mañana, Paracuellos del Jarama,
base de la Brigada Paracaidista, será el triste escenario donde los seis
compatriotas reciban el último homenaje de compañeros, familiares, amigos y
representantes institucionales.
Soldados despedidos
sin su jefe máximo
Pero una ausencia oscurecerá aún más el luto
español: la del jefe del Estado y capitán general de los tres Ejércitos. Los
Reyes ("incomprensiblemente", para algunas fuentes incluso próximas a La
Zarzuela) han decidido seguir adelante con su visita oficial de una semana
a China -la primera desde 1978- y limitarse a expresar sus
condolencias desde Shanghai, sin variar un ápice la agenda
prevista, que tiene como misión fundamental favorecer los negocios de los
empresarios españoles en aquel país, con el que mantenemos una balanza comercial
deficitaria. De hecho, el esfuerzo diplomático realizado ha dado lugar a un
séquito económico y mediático importante en torno a Sus Majestades.
Y ya
van dos veces, porque Don Juan Carlos tampoco asistió -ni José Luis Rodríguez
Zapatero- al funeral de la soldado Idoia Rodríguez,
asesinada en Afganistán el pasado mes de febrero.
Cubrirá su
ausencia el Príncipe Felipe, pero para los compañeros
y familiares de los fallecidos no será lo mismo. Incluso la
Princesa Letizia, alejada de la vida pública desde que dio
a luz a la Infanta Sofía, se desplazará a la localidad
madrileña para estar presente en los funerales por tratarse de una causa
"excepcional", según informó la Casa del Rey. Como también lo harán el
presidente del Gobierno y el ministro de Defensa.
Coches oficiales, sí; BMR, no
Un segundo hecho ha
ensombrecido más si cabe la trágica muerte de los seis cascos azules
españoles. Cercado por los insistentes periodistas, a José
Antonio Alonso no le ha quedado más remedio que
reconocer que el convoy en el que viajaban no disponía de un elemento básico que
hubiera evitado la tragedia: un inhibidor de frecuencias, que habría impedido
activar a distancia el artefacto que explotó al paso del vehículo BMR.
El Estado Mayor de la Defensa emitió una orden el pasado mes de
noviembre para que todos los vehículos en misiones en el extranjero contaran con
este dispositivo, pero hasta la fecha no hay ninguno operativo en Líbano.
La falta de un mecanismo tan necesario como el inhibidor de frecuencias ya se
puso de manifiesto con la muerte de Idoia Rodríguez. El
vehículo que conducía la española tampoco disponía de este sistema, aunque en
aquella ocasión el Gobierno se salvó de la tormenta de críticas porque
murió al pisar con las ruedas una mina anticarro que se activó por presión, no
por control remoto.
Contrasta la situación con las decenas de miles de
vehículos oficiales que circulan por España y que sí llevan incorporado ese
sistema de protección, en ocasiones, según reconocen en algunos Ministerios
y Consejerías, sin verdadera necesidad de seguridad. Y ni mucho menos comparable
a la de los militares en zona de conflicto.
Se
intensifica la vigilancia
Consumado el atentado, cuando ya no es
reversible, la Fuerza Interina de las Naciones Unidas en Líbano (FINUL) -a
la que pertenecían los fallecidos- ha aumentado su presencia en la zona con
otros 150 efectivos. Además se han multiplicado los controles (especialmente en
la frontera con Israel) y hay perros policía y expertos en explosivos
peinando el terreno en busca de más artefactos. Tal vez así otros militares en
misión pacificadora sí puedan salvar la vida.
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