El gran derrotado de este 27-M es Zapatero. Este análisis deben estarlo
rumiando también, en silencio, muchos dirigentes del propio PSOE a estas horas.
La estrategia del líder socialista es la que ha salido trasquilada en las
elecciones municipales y autonómicas. Y para desgracia de los de Ferraz, los
pactos que tienen por delante para continuar en el poder, en vez de paliar el
fiasco, lo agravarán. El listo Juan Fernando López Aguilar resumía bien
lo ocurrido durante su discurso a los socialistas canarios: "Éste es un triunfo
exclusivamente nuestro que no llega a rebufo de un gran resultado del socialismo
a nivel nacional". Lo que es lo mismo: a pesar de Zapatero, hemos
tenido un gran resultado en Canarias.
Veamos: en aquellos lugares donde
la apuesta era más personal del presidente del Gobierno, donde más se ha
involucrado, es precisamente donde peor resultado ha obtenido su partido.
Destacan en este sentido los nombres de sus tres grandes apuestas municipales:
Miguel Sebastián en Madrid, Soraya Rodríguez en Valladolid y
Carmen Alborch en Valencia, que han sido fracasos sin paliativos. Debe
recalcarse también que la política de tensión máxima del Gobierno con las
Comunidades de Madrid, Comunidad Valenciana y Murcia ha aportado buen número de
votos al zurrón del PP.
Es cierto que estas elecciones del domingo pasado
han sido, en buena medida, una primera vuelta de las elecciones generales.
También es verdad que Zapatero y Rajoy se han visto las caras a
través de candidatos y temas interpuestos que mediatizan los resultados. Estoy
seguro de que de haberse celebrado unas generales la mayoría de votos a favor
del PP hubiese sido más amplia que la obtenida el domingo. ¿Por qué? Porque en
muchos lugares el prestigio de algunos líderes locales socialistas -unido al
poco tirón de candidatos del PP- ha permitido salvar los muebles al socialismo y
prorrogar la emoción.
Lo mismo le ocurrió al PP en las elecciones
municipales de 2003, en las que ya el PSOE ganó con más votos. En aquel año en
las filas populares dijeron que la derrota era pasajera, motivada por una guerra
de Irak que no tendría reflejo un año después en las urnas. Se equivocaron. La
fractura entre José María Aznar y la sociedad española era ya insalvable.
Ahora estamos en la misma situación, pero al revés. La separación entre
Zapatero y los españoles a cuenta del terrorismo y otras cuestiones es
enorme. Se verá cuando vuelvan a abrirse las urnas con la marca ZP en
primera línea de fuego.
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