De insólito, como mínimo, puede calificarse el balance que el presidente del
Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo ayer del año que está a
punto de terminar, en especial en lo que respecta a la lucha antiterrorista.
Haciendo caso omiso de la reaparición de la violencia callejera en el País
Vasco, que a su llegada al poder estaba prácticamente erradicada, del
mantenimiento de la extorsión etarra a los empresarios vascos y navarros, que
nunca había cesado del todo, y de las evidentes pruebas del rearme de ETA, se
atrevió a afirmar que "en lo que respecta a la lucha contra el terrorismo
estamos mejor que hace cinco años y que hace un año".
No menos
sorprendente resulta el que haya vuelto a denominar "trágicos accidentes
mortales" a los asesinatos de los terroristas, insistiendo en el uso de una
terminología impropia de un gobernante que ya había empleado en sus primeras
declaraciones tras el "alto el fuego permanente" de ETA. Tan desafortunada
expresión, que exigiría una rectificación formal, sólo ha merecido horas más
tarde la innecesaria aclaración por parte del secretario de Estadio de
Comunicación, Fernando Moraleda, de que alude a los atentados
etarras.
Mientras el presidente siga ocultando a la opinión pública los
detalles de la negociación que mantiene con ETA y su entorno, este tipo de
declaraciones trufadas de un optimismo para el que es difícil encontrar motivo o
justificación objetiva alguna suenan a puro voluntarismo. Con más dureza, aunque
en estas circunstancias no cabe negarle cierta razón, el secretario de
Comunicación del PP, Gabriel Elorriaga, ha afirmado que la primera
conclusión a la que se puede llegar después de oír a Rodríguez Zapatero
es que ha "perdido completamente el sentido de la realidad".
Y es que el
jefe del ejecutivo no ha limitado su optimismo triunfalista a la lucha
antiterrorista, sino que también lo ha extendido a los demás aspectos de la
acción económica y social de su Gobierno. No hay duda de que este año la buena
situación económica se ha mantenido, pero no es menos cierto que ninguno de los
desequilibrios existentes se han corregido y, en particular, en la construcción,
uno de los grandes motores de la economía española, han empezado a aflorar
gravísimos casos de corrupción inmobiliaria.
Por lo demás, hablar de
"conquistas sociales", como ha hecho el presidente, no parece lo más adecuado
para referirse a una política de gestos vacíos de la que quizá la muestra más
penosa sea la Ley contra la Violencia de Género, cuyos resultados prácticos ya
se están pudiendo analizar estos días, por haber sido de las primeras aprobadas
en la presente legislatura: no sólo no ha logrado reducir el número de víctimas
mortales de la violencia doméstica, sino que, según las denuncias casi unánimes
de los profesionales del derecho, ha generado una situación de fraude
masivo.
Del balance del año 2006 realizado por Rodríguez Zapatero,
así pues, no se desprende ninguna intención de rectificar una acción de gobierno
que está hundiendo su popularidad y perjudicando la intención de voto de su
partido. En realidad, mientras mantenga sus apoyos parlamentarios, y con esta
política lo tiene asegurado, el presidente no tiene necesidad alguna de pensar
en un adelanto electoral; sin embargo, lo que no podrá eludir es el veredicto de
las urnas de mayo del próximo año, en unas elecciones municipales y autonómicas
en las que algunas veces también se vota pensando en la política nacional.
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