Se lo pudo decir más alto, pero no más claro: Mariano Rajoy, en
su mitin de Sevilla este sábado, pidió al presidente del Gobierno "dignidad",
mientras el presidente del Gobierno, en su mitin de Tarragona, ni mencionaba los
últimos acontecimientos en torno a la negociación con ETA, y mientras en San
Sebastián Arnaldo Otegi comparecía ante los medios rodeado de
propietarios de herriko tabernas para exigir una vez más que se derogue la Ley
de Partidos como condición para el "diálogo".
Y eso, a las veinticuatro
horas de que José Luis Rodríguez Zapatero se descolgase con
unas declaraciones en favor de José Ignacio de Juana Chaos: un
responsable de veinticinco asesinatos cuya estancia en la cárcel, si
prospera la doctrina del jefe del Ejecutivo de que sus amenazas en Gara
son "pura crítica política", se vería sensiblemente recortada; cada vida
truncada le habría salido por menos de un año de prisión.
Lo cual
sucedió, a su vez, dos días después de que el Parlamento europeo aprobase por
los pelos una moción de apoyo a la negociación con ETA que ha convertido en
división la anterior unidad europea contra la banda, y tres días después de que
ésta robase en Francia 350 armas cortas, previo secuestro de una mujer y dos
niños, dejando huellas suficientes para que no hubiese dudas de la autoría, y
por tanto de la seria advertencia.
Tumbos con ETA,
tumbos en Madrid
En la tarde de este sábado, el presidente de la
AVT, Francisco José Alcaraz, consideró "humillantes" para las
víctimas las palabras de Zapatero sobre De Juana
Chaos, al tiempo que los socialistas José Blanco,
Patxi López y Miguel Buen (secretario general
del PSE guipuzcoano) salían en tromba a responder a Otegi que
la Ley de Partidos no se derogará, con los informativos repitiendo la exigencia
de Rajoy al presidente de que dé por finalizado el denominado
proceso de paz.
La impresión en algunos entornos socialistas es que se ha
perdido el norte, y de que Zapatero camina hacia adelante
confiando en que un golpe de buena suerte terminará respaldando todas sus
iniciativas. Como en el caso de la alcaldía de Madrid. Hasta Rafael
Simancas reconoció como "lamentable" la forma en que se ha designado a
Miguel Sebastián como candidato socialista al Ayuntamiento
capitalino, con otra "humillación", esta vez no a las víctimas del terrorismo,
sino al PSM. Cuando, tras el "espectáculo" de José Bono, la
militancia madrileña esperaba ilusionada el candidato de postín prometido,
Zapatero se lo juega todo a la carta de un personaje
políticamente quemado, sin ningún grado de conocimiento popular, y nulo carisma
mediático. Es cierto que no necesita ganar, sólo evitar que Alberto
Ruiz-Gallardón repita mayoría absoluta, pero las papeletas de
Sebastián son muy pocas incluso para esa lotería.
¿Qué pasa en La Moncloa?
Si a esta suma de
decisiones cuanto menos extrañas y todas ellas autocráticas se suma el
ridículo europeo a costa de la opa de Gas Natural primero, y E.ON después, sobre
Endesa, o la reciente cancelación definitiva de la operación de venta de aviones
militares a Venezuela, o las críticas a nuestros ministros en la cumbre
sobre inmigración en Finlandia, se dibuja un panorama que preocupa en
ámbitos próximos al Gobierno y en el partido.
Máxime cuando la próxima
partida de Juan Fernando López Aguilar, uno de los pesos
pesados del Ejecutivo, para pelear por la Junta de Canarias, deja a
Zapatero aún más solo. Y eso parece ser lo que muchos temen,
incluso si tiene a Alfredo Pérez Rubalcaba al lado.
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