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| PESE A NO SER MUY CONOCIDA |
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| La mejor novela de G.K. Chesterton, según Mircea Eliade |
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| C.L.A. |
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La metamorfosis entre el bien y el mal, en una novela largo tiempo ausente del mercado español y donde los aficionados a este genial escritor inglés van a encontrar justo lo que buscan.  |
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UNA GRAN OBRA |
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G.K. Chesterton. Manalive. Traducción de Jordi Giménez Samanes. Voz de Papel. Madrid, 2006. 282 pp. 14,50 € |
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El gran humanista rumano Mircea Eliade consideraba
Manalive como "la mejor novela de Chesterton", quizá
porque envolvía lo mejor del mensaje vitalista del genial escritor británico. De
hecho, su mismo título lo sintetiza: "Manalive", un neologismo que esta edición
en Voz de Papel ha conservado en inglés. Y con acierto. Primero, porque la
novela era así conocida incluso en España, dada la inexistencia de
traducción hasta hace pocos meses en que publicó Valdemar la primera. Segundo,
porque expresa de forma soberbia la "alegría de estar vivos", de participar en
esta inmensa aventura teatral que es la vida, que quiso transmitir su
autor.
En cierta ocasión, participando Gilbert Keith
Chesterton (1874-1936) en una tertulia literaria algo pretenciosa
(lugar ideal para epatar, ¡y mira que le gustaba eso al escritor inglés!)
se suscitó la cuestión de qué libro se llevaría cada cual a una isla
desierta.
Evidentemente, nadie defraudó las expectativas intelectuales
que suscitaba el tema, proponiendo cada cual una obra más elevada y célebre que
su predecesor... hasta que le llegó el turno a Chesterton,
quien con toda naturalidad aseguró que a una isla desierta él se llevaría un
manual de construcción de barcos.
Ese gusto por la paradoja, ese deseo de
ensalzar lo humilde y sencillo frente a la artificiosa normatividad de su época,
lucen en Manalive como en el resto de las obras, literarias o
ensayísticas, de uno de los mayores prosistas británicos del siglo XX. Mayores
por calidad, y mayores por cantidad, pues con él siempre cree uno haberlo leído
todo y siempre aparece algo más.
"Hacia poniente se levantó un vendaval
que se propagó como una ola de felicidad irracional y
barrió Inglaterra de oeste a este, arrastrando consigo el
perfume escarchado de los bosques y la fría intoxicación del mar": así
comienza esta novela, donde esa "ola de felicidad" arrastra hasta una pensión
donde conviven un pequeño grupo de hombres y mujeres corrientes, y como traído
también por el aire, a Innocent Smith, el protagonista.
Mágico, poético y
casi onírico (le vemos danzar sobre las copas de los árboles y hacer cabriolas
imposibles por la escalera), Smith encandila a todos con su bondad y les alegra
y da sentido a sus vidas. Sólo cuando haga una extraña proposición de matrimonio
comenzarán a desvelarse las maldades de su pasado.
En ese juego entre el
bien disfrazado de mal y el mal disfrazado de bien despunta, a través de la
trama, el temple polemista de Chesterton, quien en 1912, cuando
escribió Manalive, ya tenía casi completamente rematado su sistema de
ideas. Y fulminaba desde todas las tribunas posibles el racionalismo de su
tiempo y las pretensiones –a un tiempo moralizantes y religiosamente asépticas–
del reglamentismo victoriano, agostador de la fantasía y del disfrute de las
cosas sencillas.
Los chestertonianos están de enhorabuena con esta
publicación, y para quien desconozca al autor es el momento de dar un paso
adelante. Está entre sus mejores obras, junto a ensayos como Ortodoxia,
novelas como La esfera y la cruz o El hombre que fue Jueves, y la
entretenida y profunda saga del padre Brown, el original sacerdote-detective.
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