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Un gesto de dolor y de impotencia del Rafa Nadal durante la final de Rotterdam contra Andy Murray. |
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Rafael Nadal cayó en la final del torneo de Rotterdam mermado
por el dolor que invadió su rodilla derecha y también por el juego potente de
Andy Murray (6-3, 4-6 y 6-0), segundo cabeza de serie del
torneo, que no necesitó exprimirse para llevarse el trofeo a su vitrina.
Nadal no se encontró cómodo en ningún momento, pese a
lo cual tiró de orgullo, primero para equilibrar el partido y después para jugar
el último set en vez de optar por la retirada, una vez que su físico ya no
permitía culminar la remontada. El rosco final es la mejor muestra del estado en
el que el mallorquín afrontó la última parte del choque.
Con todo,
Nadal batalló en el primer parcial, pero
Murray aprovechó una de las dos bolas de break que disfrutó y
no dejó margen para la maniobra de su rival, que en el inicio del segundo set
descubrió su verdadero estado físico. Con 2-1 a favor, Nadal
solicitó ayuda médica en la rodilla mostrando evidente signos de dolor.
Extrañamente, el partido entró entonces en una espiral de roturas de
servicio: los finalistas se castigaron con siete breaks consecutivos.
Nadal empezó a bajar su rendimiento de forma lógica, pero
Murray, en lugar de aprovechar la lesión para zanjar el
partido, se dejó atrapar por la duda, sobre todo con su servicio, ya que solo
llegó a un 43% de primeros saques y acabó perdiendo la manga.
La final
quedó abocada entonces a un curioso tercer set, que debía aclarar la dolencia de
Nadal y la confusión de Murray. Sin embargo,
la rodilla del número uno zanjó cualquier debate, anuló definitivamente las
posibilidades de una remontada y dejó en bandeja al escocés el décimo título de
su carrera.
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