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30 octubre 2014. Actualizado 22:31 Director: Antonio M. Beaumont
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UN TESTIMONIO IMPACTANTE
Fortea cuenta todo lo que sabe y ha experimentado con el demonio
Carmelo López-Arias
Su trabajo es expulsar al diablo de las personas poseídas. Para él un exorcismo no es una escena pavorosa que se olvida al salir de una película de terror, sino una dura vivencia cotidiana.
24 de febrero de 2008  Imprimir este artículo Enviar a un amigo Aumentar texto Reducir texto Compartir: Acceder al RSS Comparte esta noticia en Facebook Comparte esta noticia en Twitter Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé Enviar a Digg Enviar a MySpace
JOSÉ ANTONIO FORTEA
Su rostro se ha hecho célebre porque no ha rehuido explicar en entrevistas y debates en televisión en qué consiste un exorcismo.
NOMBRES DE LOS DEMONIOS

Algunos los menciona la Biblia, como Lilith, Asmodeo, Seirim o Apollyon. Otros los revelan sus protagonistas durante los exorcismos, aunque no sepamos qué significan: Elisedei, Quobad, Jansen, Eishelij... 

ÍNCUBOS Y SÚCUBOS

Una vieja tradición denomina así a demonios que mantienen relaciones sexuales con mujeres (íncubos) o con hombres (súcubos). Fortea pone esta creencia un poco entre paréntesis, aunque ha conocido casos que le merecen credibilidad. Sin embargo, los embarazos demoníacos (base de la película La semilla del diablo de Roman Polanski en 1968, en la que Mia Farrow concibe del mismo Lucifer) "es una idea completamente literaria y ficticia": "No conozco ningún caso real ni en el presente, ni en la Historia".

TODO SOBRE EL DIABLO
José Antonio Fortea. Summa daemoniaca. Tratado de Demonología y Manuel de Exorcistas. Palmyra. Madrid, 2008. 342 pp. 22 €
SIGNO DE POSESIÓN
Fortea se presentó ante una niña con bata blanca de médico y sin ningún signo sacerdotal, y le propuso un juego de palabras diciéndole que era una prueba psicológica: "Mientras ella recitaba aquello, yo le hablaba. Tardé casi dos minutos en decir algo que fuera una oración, para que la niña no sospechara nada. Fue en ese momento cuando en medio de todo lo que yo estaba diciendo introduje una sola orden en latín. Mi sorpresa (y la de los padres) fue mayúscula cuando nada más decir yo la frase, la rubia niña de once años me dijo: El demonio me dice que le estás preguntando su nombre. Era cierto".
MEDALLA DE SAN BENITO

Se considera especialmente protectora contra el demonio e incluye unas letras que simbolizan esta oración:

Cruz del Santo Padre Benito
mi luz sea la Cruz santa.
No sea el demonio mi guía.
¡Apártate, Satanás!
No sugieras cosas vanas.
Pues maldad es lo que brindas
bebe tú mismo el veneno.

El sacerdote José Antonio Fortea tiene 40 años, y aunque es oscense de Barbastro, desempeña su labor como párroco en la localidad madrileña de Anchuelo, diócesis de Alcalá de Henares. Su fama no proviene de esa labor pastoral, sino de su actividad como exorcista y su repercusión en entrevistas y debates en la televisión.

Aquí no hay nada que ocultar
 
Está considerado como uno de los grandes especialistas mundiales en demonología, aunque si algo se afana en demostrar es que no es el depositario de un arcano esotérico, sino un simple cura al que han encargado una función. Función que consiste básicamente en interpretar los signos del supuesto o real poseso y orar, durante el combate librado con el Maligno, mediante rituales conocidos y conforme a normas estrictas y públicas que dejan poco lugar a su iniciativa.

Aquí lo único oscuro y tenebroso es su adversario, y prueba de ello es que haya vertido su saber y su experiencia en un libro que acaba de publicar Palmyra, editorial vinculada a La Esfera de los Libros: Summa daemoniaca. Tratado de Demonología y Manual de Exorcistas. Reúne todo lo que la doctrina de la Iglesia enseña sobre la acción del demonio en personas y cosas, impregnado por la propia experiencia del autor, más la narración de algunos casos que Fortea ha vivido personalmente.

Estamos en estas páginas, que conste, muy lejos de la credulidad o la superstición. Alguien a quien acuden a diario personas que consideran estar poseídas tiene claro que "nada tiene su causa en el demonio, mientras no se demuestre lo contrario". Y su trabajo consiste la mayoría de las veces en aconsejar educadamente la visita a un médico.

Lo que puede y no puede hacer un demonio

Esta Summa Daemoniaca está escrita en forma de 183 preguntas y respuestas, muy bien pensadas y estructuradas. Son las que, en un orden lógico, le haríamos a un exorcista si pudiésemos plantearle todas nuestras dudas.

Y así, la primera de ellas explica qué es un demonio: "Un ser espiritual de naturaleza angélica condenado eternamente". Fortea explica cuántos son, qué nombres reciben, en qué consiste su existencia, por qué pecaron y por qué fueron castigados tan duramente.

Luego se adentra en su capacidad para hacernos mal ("el demonio nunca mostrará la más mínima compasión, ni el más pequeño acto de amor hacia nadie"), que no comienza con espectaculares posesiones diabólicas, sino con la común y corriente tentación. Fortea sugiere una forma de distinguir cuándo el impulso al mal que sentimos puede tener su origen en el demonio: si se trata de "tentaciones sin causa razonable, muy intensas y persistentes".

Respecto a la actividad del demonio a la que propiamente se dedica el libro (la posesión), hay buenas y malas noticias.
 
Las buenas son que, como explica Fortea en epígrafes esclarecedores, el poder de los demonios es mucho más restringido de lo que la imaginación cinematográfica nos sugiere. Primero, porque Dios los tiene sujetos y sólo les deja actuar cuando hay razones -que muchas veces se nos escapan- para ello. Segundo, porque su misma naturaleza, aunque superior a la del hombre, es limitada: no conocen el futuro, ni pueden leer el pensamiento, ni hacer milagros.

Las malas noticias son que... si se les convoca en serio, lo más probable es que acudan a la llamada. Cuidado, pues, con los hechizos o maleficios. En cuanto a horóscopos, tarot y demás, Fortea aclara que "son prácticas supersticiosas, pero no demoníacas", aunque quienes las llevan a cabo "sentirán cada vez más la tentación de invocar tales fuerzas y seres desconocidos".

Y cuando acuden a la llamada...

Entonces es cuando exorcistas como el de la legendaria película de William Friedkin en 1973 (basada en un hecho real, aunque el poseído no era una niña, sino un adolescente) o el mismo padre Fortea entran en acción para salvar al endemoniado.
 
Una posesión diabólica "es el fenómeno por el que un espíritu maligno reside en un cuerpo y en determinados momentos puede hablar y moverse a través de ese cuerpo sin que la persona pueda evitarlo".

El autor nos habla de las formas de determinar si la sospecha de posesión es real o no, y también deja claro que sólo "queda poseso el que abre una puerta al demonio". Ni siquiera el pecado es esa puerta ("lo uno no lleva a lo otro"), sino otros instrumentos como "el pacto con el demonio", "asistir a sesiones espiritistas", etc.
 
Eso sí, no todo el que la sigue, la consigue. Hay quien -en una inexplicable locura- busca entregarse a Lucifer, pero en esta materia no se funciona a capricho: sólo sucede lo que Dios permite que suceda, y cuando lo permite es porque "la posesión es como una ventana abierta por la que podemos asomarnos al mundo de odio y sufrimiento demoníaco", y eso "produce saludables enseñanzas para los hombres".

Pues yo todo esto no me lo creo...

Hasta aquí, el libro del padre Fortea puede resultar perfectamente prescindible para quien, sencillamente, piense que eso del demonio son cuentos chinos o un producto más de la incultura o las creencias ancestrales.

Para ellos, y tras explicar en qué consiste un exorcismo (normas, oraciones, asistentes, duración), ha recopilado Fortea siete casos. Fiel a su designio de informar y desmitificar respecto a leyendas urbanas y guiones de cine, aclara que, una vez descartadas la falsas posesiones, la mayoría de las auténticas "están muy lejos de cualquier tipo de espectacularidad", y son casos "tediosos" para el exorcista.

Y en correspondencia con este honesto reconocimiento, los siete que presenta abarcan la fenomenología más habitual en su trabajo, con el valor de que lo que cuenta lo ha vivido personalmente. Hay casos rápidos y otros que duran años, exitosos y parcialmente inacabados, unos prosaicos y otros que incluyen mordiscos, convulsiones escalofriantes y conversaciones aterradoras con el demonio.

Cada cual puede, tras leer ese impactante testimonio, pensar lo que desee, pero desde luego transmite verismo. Y Fortea es muy realista sobre el efecto que producen las situaciones más extraordinarias: "Presenciar un exorcismo no significa que todas las personas presentes tengan fe a partir de ese momento".

Aunque, como conclusión, sí sea la fe y la oración lo que el autor recomiende contra el diablo. Al fin y al cabo, no pretende fomentar con su libro una curiosidad morbosa, sino todo lo contrario: "El demonio sólo nos sirve para aprender cosas sobre aspectos de Dios". Dicho en otras palabras, hay que conocer la oscuridad para saber valorar la luz.

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