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20 abril 2014. Actualizado 00:16 Director: Antonio M. Beaumont
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BEOWULF
Una obra épica europea, que inspiró a J.R.R. Tolkien y Angelina Jolie
Manuel R. Ortega
El poema épico más antiguo de la literatura europea medieval ha vuelto a conocer un reciente interés gracias a una pésima película. No hay mal que por bien no venga.
10 de febrero de 2008  Imprimir este artículo Enviar a un amigo Aumentar texto Reducir texto Compartir: Acceder al RSS Comparte esta noticia en Facebook Comparte esta noticia en Twitter Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé Enviar a Digg Enviar a MySpace
POEMA ÉPICO
Anónimo. Beowulf. Traducción y notas de Armando Roa. Belacqua. Barcelona, 2007. 88 páginas. 14 €.
De no haber sido por ese videojuego hollywoodiense perpetrado por Robert Zemeckis, Beowulf quizá continuaría durmiendo el sueño de los justos, despertando ocasionalmente por eruditos y bichos raros con curiosidad intelectual. Y es que si 300, pese a sus efectos especiales, estaba empapado de valores, lo de Zemeckis, por mucha Angelina Jolie medio desnuda, no dejaba de ser una versión cinematográfica del Mortal Combat.

Valga esta introducción para poner en antecedentes: Beowulf, la obra épica más antigua de las literaturas germánicas, es algo más que un videojuego en gran pantalla. Es un símbolo de la identidad europea y de sus valores. El poema, que no fue descubierto hasta el siglo XVIII, fue manuscrito en los siglos IX o X, aunque su datación estaría en el siglo V, según los estudiosos. Sin título, comenzó a ser conocido como Beowulf por el nombre de su protagonista, un guerrero gauta que, junto a varios compañeros, partirá al auxilio del rey danés.

Esa es, al menos, la primera parte. Aquella en la que el joven héroe gauta llegará a Dinamarca para acabar con el monstruo Grendel, que masacra a los guerreros del monarca danés en su salón real.
 
La segunda parte del poema se remonta a cincuenta años después la muerte de Grendel y su madre. Un Beowulf rey, en combate con francos y frisios, deberá enfrentar a un dragón que devasta a sus súbditos. Los años han pasado, y no sólo físicamente. La mentalidad de Beowulf ha cambiado, como el mundo que le rodea. Si Grendel era una criatura sanguinaria que mataba por su naturaleza, el dragón de la segunda parte es una bestia despertada por la ambición del hombre. Su muerte también supondrá la de Beowulf, abandonado en la lucha por todos sus hombres, salvo su sobrino.
 
Hay en Beowulf una serie de claves que se revelan en el texto, estrechamente relacionadas con el periodo en que se compuso: esa etapa de transición entre el paganismo y el cristianismo en que ambas religiones se enfrentaban y, a la par, compartían elementos de cada una. Un proceso que, como ha señalado el historiador Dominique Venner, acabaría transformando el cristianismo primitivo, convirtiéndolo en una religión europea con rasgos muy alejados de su zona de nacimiento, en Oriente Medio.
 
Ese alteridad entre paganismo y cristianismo se aprecia en el texto. Los ritos paganos y las invocaciones cristianas –Grendel es definido como "hijo de Caín"– se entremezclan. ¿Fruto de ese periodo de transición ya mencionado? ¿O, como señalan otros expertos, una primera autoría pagana tamizada posteriormente por un copista cristiano? Es difícil saberlo. La única certeza es que esas expresiones, esas dos cosmovisiones, conviven como lo hicieron en su momento. Basta recordar el Bajo Imperio, las invasiones sajonas, las incursiones vikingas, la evangelización irlandesa o el reinado de Carlomagno. O, en un plano literario, mítico e histórico, las figuras de Uther Pendragon o su hijo, Arturo.

De hecho, y pese a las constantes invocaciones al Señor, lo cierto es que Beowulf, en la edición realizada por Belacqua, es incinerado en una pira y sus cenizas, enterradas en un túmulo. Un rito de clara raíz indoeuropea. En otras ediciones, esa mezcolanza queda más de relieve, ya que recibe un funeral vikingo, con su sobrino arrojando la lanza en llamas que incendia la balsa que contiene su cuerpo.

Al margen de ello, Beowulf, como otras obras épicas europeas, contiene una serie de valores propios del ideal caballeresco, fruto de la cosmovisión ideológica indoeuropea –que tanto estudió Georges Dumezil–, como es la exaltación del Honor, la Valentía, la Fidelidad y el desprecio a la muerte y la cobardía. Además, inspiró a J.R.R. Tolkien, que le dedicó años de estudio. Y aunque solamente por eso, ya merece la pena agradecer esfuerzos como los de Belacqua, que, además, se complementan con una cuidada edición. Gracias a ello podemos leer frases impagables en estos tiempos de mercadeo y nihilismo: "Y vendrán tiempos de lanzas, frías al amanecer, blandidas con mano firme y segura".

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