Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
El Semanal Digital
24 noviembre 2014. Actualizado 00:16 Director: Antonio M. Beaumont
       Chismógrafo       Ocio       Viajes       Salud       Libros       Estilo       Tecnología       Gastronomía Ir a la portada de El Semanal Digital
  Buscar   Suscríbete a la Newsletter del Chismógrafo
Redes SocialesSíguenos en FacebookSíguenos en TwitterSíguenos en Google+
INICIO -- CHISMOGRAFO -- LIBROS
VENCIENDO LA GRAVEDAD
Cae la manzana del árbol, y sólo un poema puede detenerla
La última obra de la poetisa Beatriz Villacañas juega con la capacidad de las palabras para frenar el determinismo de las cosas, la aplicación inexorable de una ley física al alma humana.
6 de julio de 2012 
Imprimir este artículo Enviar a un amigo Aumentar texto Reducir texto Compartir: Acceder al RSS Comparte esta noticia en Facebook Comparte esta noticia en Twitter Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé Enviar a Digg Enviar a MySpace
¿ES INEVITABLE?
Con las leyes de la física, sí, pero la palabra puede conseguir suspenderlas y llevarnos a un mundo distinto.
POEMARIO
Beatriz Villacañas. La gravedad y la manzana. Devenir. Madrid, 2012. 95 pp. 12 €
ARTÍCULOS RELACIONADOS
 Un libro necesario para recordar lo que es ETA y a los que lucharon contra ella

 Curri Valenzuela: ni jubilarse antes de tiempo ni que otros te jubilen

 El no tan secreto encanto del Islam, contado por uno de sus héroes

 De la guillotina y el duelo de Montpensier al cadáver del marinero gay

La sensibilidad en el concepto, la lectura cadenciosa y, cuando opta por la rima, una sonoridad original donde la poetisa alumbra en realidad, más que verbo, música: así podríamos caracterizar la poesía de Beatriz Villacañas, doctora en Filología, profesora en la Universidad Complutense de Madrid y, ante todo, creadora.

Lo lleva en la sangre, como hija del poeta Juan Antonio Villacañas, a quien dedica un hermoso cuarteto contenido en La gravedad y la manzana (Devenir): "Qué nueva identidad me dio tu muerte, / qué nuevo amor con el que hablo contigo, / me dio un lenguaje libre de palabras / y un infinito amigo".

¿Quién no encuentra en esta expresión la clave de lo que no sabía expresar, y alguien a quien entenderla dirigida? Para eso existen los poetas: no para transmitir la esencia suya, sino para dar figura a la nuestra. En este poemario, sexto de su autora –varios de ellos premiados-, el título nos avanza lo titánico del esfuerzo: con cinco palabras que nos evocan a Isaac Newton (encarnación de lo cuantificable, de lo reductible a ley, de lo inexorable), Villacañas consigue todo lo contrario.
 
Nos sumerge en pequeños mundos donde vagamos entre arcanos sutiles y libérrimos, desde el alma torturada del monstruo de Frankenstein ("Y no puedo morirme, / yo soy el monstruo; / la raíz escondida de la vida. / Y soy nadie") a la serenidad de los dos hombres que bracean en el mar sabiendo que se ahogan ("No podían salvarse el uno al otro / ni tampoco a sí mismos: / la lucidez fue suya / y ellos del destino") pasando por la íntima congoja de la soledad y el llanto ("Aprendí a naufragar / en el planeta mínimo / de una gota de sal, de cualquier lágrima").

Son mundos donde la manzana se desprende del árbol, pero no necesariamente llega al suelo, porque no sabemos si Dios, que se pasea entre los versos de Villacañas más como una pregunta que como una respuesta, va a optar por el cumplimiento de la ley física o por su excepción, que de ambas es dueño: "Aunque sé que imagino lo que creo, / seguramente creo que soñando / Dios me contesta cuando no le veo". O: "¿Cuánto sol hay detrás / del oscuro silencio que te envuelve?". O: "... mil infiernos, / mil veranos, mil lunas, mil inviernos, / mil biografías sin que Dios conteste".

La gravedad y la manzana es un venero delicado de los sentimientos más universales. El amor, por supuesto, y en estrofas elegantes y clásicas, desde el soneto herido ("...me has dado calor, año tras año. / ... / Qué ignorancia de muerte hasta que un día / el saberte tran frágil me hizo daño") a la lira de resonancias sanjuanescas: "Digamos con los ojos, / digamos con la voz de la caricia, / transformemos despojos / en juvenil delicia, / novicio tú, mi amor, y y yo novicia".

Y, tras el amor, la muerte, presentida con la nostalgia del mundo que se nos irá cuando nos perdamos: "No haremos ya nuestro trayecto a pie" y nos convertiremos sólo "en lágrimas de aquellos que nos aman".

Beatriz Villacañas nos abre así su mundo, pero no en pura subjetividad. Ella misma explica al presentarlas que estas páginas son "una indagación en el misterio de la realidad", y esa realidad somos nosotros en cuanto "ungidos" por la idea, la emoción y la palabra, entendida como "misterio y don absoluto". Porque, concluye, "con la palabra también matamos, pero ella siempre nos resucita".

IR ARRIBA
¿Te ha gustado este artículo? Coméntaselo a tus amigos y conocidos:
en twitter

Redes SocialesSíguenos en FacebookSíguenos en Twitter

ÚLTIMA HORA

Titulares

Ocio

Viajes

Gastronomía

Salud

Libros

PUBLICIDAD

Publicidad / Contactar / Quiénes somos / Estadísticas
Copyright © El Semanal Digital, S.L. ® El Semanal Digital es una marca registrada. Derechos reservados. España. 2006
Oficina central: C/ Sopelana 11, Oficina 201, 28023, Madrid. Teléfono: 91 4585773 - Fax.: 91 3077652
Política de información / Política de privacidad / Aviso legal /  RSS
  Auditado por Comscore