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ÉL NO VIVE DE ESTO |
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Graciano Palomo Cuesta, El hombre impasible. Historia secreta del PP de Rajoy camino al poder . Prólogo de Raúl del Pozo. La Esfera de los Libros, Madrid, 2011. 289 pp. 18,00 € |
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EL MAQUIAVELO DE FERRAZ |
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Julio Somoano, Rubalcaba. El monje del poder. La Esfera de los Libros, Madrid, 2011. 385 pp. 19,50 € |
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Son los hombres de moda. Alfredo Pérez Rubalcaba y
Mariano Rajoy Brey han llenado todos nuestros medios de
comunicación durante años, puesto que son los dos principales candidatos a la
presidencia del Gobierno el 20 de noviembre de 2011. No son, desde luego, dos
novatos en el escenario. Rubalcaba entró en el PSOE en la
Transición, y desde entonces ha ocupado puestos administrativos y ejecutivos de
alta responsabilidad y cargados de trascendencia. Con Felipe
González y con José Luis Rodríguez Zapatero ha sido un
político de primera fila, y ha sido protagonista de mucha
literatura.
Algo parecido, aunque no igual, puede decirse de
Mariano Rajoy, que entró en el PP de don Manuel
Fraga y que ha recorrido toda la política de abajo a arriba. No sólo se
inició en las lides autonómicas, sino que colaboró íntimamente en los Gobiernos
de José María Aznar y mereció su confianza en la sucesión… pero
en el 11 M se topó con el atentado y con Rubalcaba, y ha
capeado dos legislaturas de inesperada y tormentosa oposición. No es, tampoco ni
mucho menos, ni un novato ni un desconocido.
Pero La Esfera de los Libros ofrece, ante las elecciones y
también para entenderlas una vez que hayan sucedido, dos biografías no
autorizadas –o sea, no los dos típicos folletines de propaganda de partido- de
los dos líderes. Conviene, quizá más en tiempos de crisis, entender quiénes son
los que aspiran a dirigirnos, y cómo se han formado, porque eso nos explicará
entre otras cosas qué idea de país y de futuro tiene cada uno de ellos. Porque
la aparente buena convivencia entre los dos, educada diríamos, no debe hacernos
confundir la educación que ambos tienen con una identidad de visiones que no
existe y que difícilmente existirá.
Un
registrador para salir de una crisis… y algo más
Graciano
Palomo ha reunido mucha información sobre Mariano
Rajoy, pero más aún sobre el PP de 2011. La clave necesaria para
entender qué vamos a tener previsiblemente en La Moncloa los próximos años es
comprender qué sucedió de puertas adentro en las jornadas electorales de hace
siete años y medio. En ellas murió y desapareció un cierto modo de entender el
PP, pero no desapareció, aunque muchos creyeron que lo haría, Mariano
Rajoy.
Sabido y conocido sobre Rajoy hay unas
cuantas cosas, desde su condición de gallego hasta su afición a la bicicleta y a
los habanos. Pero Graciano Palomo explica, por ejemplo, cómo su
condición de registrador de la propiedad por oposición es muy reveladora sobre
su capacidad de sufrimiento y de sacrificio (que le permitió servir bien a
Aznar y recorrer el accidentado camino de 2004 a 2011); y
también cómo el PP que llega vencedor a las generales de 2011 no es ni puede ser
el mismo que perdió, sin esperarlo, las de 2004. No se trata de que el PP de
Rajoy reniegue del de Aznar, sino de que,
sencillamente, ha afrontado una serie distinta de batallas y lo ha tenido que
hacer con diferentes artillerías.
Rajoy es el capitán de
un ejército multiforme y complejo como es un ejército de casi un millón de
soldados, quizá doce millones de votos y una ideología amplia, variada y hasta
contradictoria. Pero lo que Palomo explica es que
Rajoy es, ante todo, él mismo, no es un creador ni un gestor de
equipos, es un hombre especial y sobre todo muy distinto de su antecesor
José María Aznar.
Rajoy ha aguantado
casi sin cambiar de gesto embates muy duros de la política de partidos, primero
por ser considerado heredero de un hombre tan especial como
Aznar, y luego por liderar la oposición al Gobierno de
Zapatero y al PSOE de Rubalcaba con la complicada tarea de
agrupar una mayoría sin demasiadas brusquedades. El camino de
Rajoy, y de su PP, ha sido muy largo, y complicado, y
Graciano Palomo deja varios flecos sin tocar. Seguramente no
pueden ser tocados, porque estamos hablando de política actual no de historia,
pero en el libro de La Esfera se encuentra la
mayor cantidad hasta ahora reunida de explicaciones sensatas y civilizadas de la
trayectoria política y humana de Mariano
Rajoy.
Rubalcaba es también un personaje
crucial en esa biografía: en 2004, sin aspavientos y con sólo su experiencia,
sus redes de comunicación y su móvil, fue Rubalcaba el que
convirtió las bombas en la victoria de Zapatero sobre
Rajoy, sin deméritos políticos de éste. Claro que ya entonces
Rajoy demostró de sobra su serenidad característica, puesto que
no perdió la calma aunque perdiese el poder. Y Rubalcaba pudo
comprobar que Rajoy no se ha ofrecido a los españoles por
ambición material, puesto que su puesto de registrador, sin ir más lejos, le
daría más con mucho menos esfuerzo, y sin embargo se ha obstinado en demostrar
su vocación de servicio. No hay muchas personas en el PSOE, ni en el PP, se lo
aseguro, que tengan la grandeza de espíritu que Graciano Palomo
demuestra en Rajoy. Esperemos que la demuestre también en la
selección de colaboradores y equipos y en los años que empiezan.
Un corredor de fondo para una carrera perdida
Si
Graciano Palomo nos sitúa a un buen chico de buena familia en
las entrañas de un complicadísimo PP, Julio Samoano coloca a un
hombre mucho más polifacético per no menos burgués al frente de un partido no
sólo más enmarañado, sino también más tradicional en su gestión de los poderes.
Rubalcaba no sólo lleva en el PSOE más tiempo que
Rajoy en el PP, sino que además ha gestionado más poder durante
más tiempo –si queremos verlo así, hasta hoy la España del siglo XXI debe más a
las decisiones de Rubalcaba que a las de
Rajoy. Más aún, hay que entender que mientras que el servicio
público es en los dos personajes una clarísima vocación, en
Rajoy es enteramente opcional –pues tiene de qué vivir, y muy
bien además- mientras que Rubalcaba quemó en la práctica sus
puentes muchos años atrás, y es un hombre que no sólo vive para lo público sino
de ello, y desde luego no por falta de méritos y capacidades para otra
cosa.
Atleta en su juventud, gestor del poder en la sombra del PSOE desde
ella, Rubalcaba es un hombre con pocos vicios personales, y su
vicio más evidente es el mismo poder. Es temido y respetado por propios y
ajenos, pero comprende perfectamente lo difícil de su posición… una posición a
la que no ha llegado por amistad con Zapatero, sino por lealtad
cerrada al PSOE, a su pasado, su presente y su futuro, y al poder socialista tal
y como él mismo no sólo lo entienden sino lo ha encarnado durante dos
generaciones enteras.
Hay que leer esta biografía de
Somontano para comprender que desde 1982
Rubalcaba gestiona poder en los despachos públicos, y que su
mano se nota en asuntos tan graves y tan actuales como la educación tal y como
se ha conformado desde entonces, la política antiterrorista en posiciones tan
volubles como la del negociador y la del hombre de los GAL, las negociaciones
sindicales, militares, autonómicas y fiscales. España en 2011 no se explica
fácilmente sin Rubalcaba, y quizá por eso el cántabro no podía
decir que no a la propuesta de Zapatero de sucederle y
de interponerse de nuevo en el camino de Rajoy.
Nadie
cree que Rubalcaba lo tenga fácil, ni él mismo. Pero Rubalcaba
sigue siendo un gestor brillante de la imagen y de la comunicación, y sabe que
tiene medios para poder conseguir sus objetivos, si define éstos con realismo.
El PP ganaría el 20 N con una apabullante mayoría absoluta, pero por la misma
razón el PSOE podría darse por vencedor si se lograse situar en el umbral de
resistencia de los 120 escaños y a la vez salvase los papeles en ciertas plazas
clave. Rubalcaba, estratega y portavoz siempre, sabe eso y
juega exactamente a eso, y hace falta haber leído su vida y milagros para
comprender, entre el 20 y la madrugada del 21, quién es vencedor y quién es
perdedor. Porque el PP, desde luego, no es capaz de dar las sorpresas que el
PSOE de Rubalcaba dio en 2004. Afortunadamente para todos,
quizás.
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